Según su pataquín yoruba, la vida de este personaje no es más que el raíl de línea por donde corre su propio tren.
Demonizar o idealizar, es cometer el mismo error de perpetuar a un personaje del que luego nos avergonzamos. Este de hoy tiene características depredadoras. Un chico a quien el poder se le subió a la cabeza y no tuvo la precaución de cambiarse el sombrero, un joven algo circunspecto con discreción de silbato, cuarentón de alma gótica que adora ponderar su modestia mientras envía personas a salas de interrogatorio. Alejandro Castro Espín.
Nos conocimos hace tiempo, mucho antes de nacer. Nuestros padres fueron amigos; nuestros abuelos, enemigos. Según la psicología, un método bastante efectivo dice que ser único varón, y el menor de los hermanos, tiene muchísimo que ver con la personalidad adulta de cada individuo.
Ese es el caso de Alejandro, nació un 29 de julio de 1965. Leo, en astrología occidental; serpiente, por el horóscopo chino. Una mezcla que describe a quienes, sin importar costo alguno, intentan mantenerse un paso delante del resto. Pero, según su pataquín yoruba, la vida de este personaje no es más que el raíl de línea por donde corre su propio tren.
Sus estudios comenzaron en su barrio, Nuevo Vedado. En la escuela primaria “Gustavo y Joaquín Ferrer”, allí cursó hasta el 6to grado. Un niño alegre, de impresionante autoestima, despreocupado y nada complicado; para entonces sus padres estaban duchos en el arte de hacer hijos.
El pequeño y viril Alejandro, un niño saludable, únicamente padecía de una extraña enfermedad que con los años descubrí se llama ira. Eran muy frecuentes las perretas en mi querido amiguito; pataletas de niño malcriado, aseguraban sus doctores. Recuerdo con verdadero espanto una de ellas contra un bonito perro poodle que tenía entonces, lo agarró por el rabo y lo arremetió contra la pared, quedando del intrépido cachorro solo amasijo. Pero claro, aquello fue un simple incidente, Alejandro ama a los niños, los animales, y adora la naturaleza.
Con casi 6 pies de estatura, y capaz de rivalizar con los más apuestos galanes de televisión, su ego comienza a inflamarse cuando entró en la secundaria “Josué País”, también en el Nuevo Vedado. La constante adulación, unido al exceso de consentimientos, más el temor de sus maestros, le hicieron adoptar la condición de ciudadano modelo y fingía con absoluto dominio ser un adulto, responsable, inflexible, pragmático y poco espontáneo. Error fatal a esa edad.
Hizo el pre-universitario en el Vedado, en la escuela Antonio Guiteras, lugar donde lo recuerdan como un muchacho altanero de pocos amigos. Terminando esta enseñanza matricula en el IPSJAE (Instituto Politécnico José Antonio Echevarría), y apenas dos años después, abandona su vida de estudiante de ingeniería en refrigeración, por una menos exigente pero más prometedora carrera militar. Bastante entendible, luego de saber que un gran trauma familiar cruzó las fronteras de ser un Secreto de Estado para convertirse en chiste internacional. Entonces se radicaliza creando su propio pedazo de cielo, y escogiendo a sus seres queridos por categoría social, ideológica y racial.
Una boda elegante y discreta lo une con Marieta. El matrimonio es una institución social con disposiciones jurídicas, es la unión de personas con la intención de formar familia, de crear un vínculo conyugal con derechos, deberes, y respetar obligaciones dependiendo de la religión o la codificación legal. Es fácil de entender, difícil de practicar. No todos admiten vivir respetando esos espacios. Quizás por eso se divorciaron; pero antes, Alejandro y su joven esposa desearon tener hijos. Con el tiempo, y mucha ayuda, lo lograron. El tan deseado primer embarazo no tuvo un final feliz, la circular del cordón no lo permitió. Era una niña. Alejandro reaccionó de una manera bastante fuera de control y buscando un culpable desapareció de la vida pública por un dilatado período al ginecólogo que atendió su caso. Pasó el tiempo, la pareja sobrevivió, y la vida los premió con unos hijos hermosos. Luego, por problemas de índole delicada, terminaron en divorcio. Este señor, como castigo adicional, separó por una larga temporada a Marieta de sus hijos.
La paz es la única guerra en la que me gusta luchar; pero algunos, fieles a la imagen del héroe, y perturbados por los versos de La Ilíada, cambiaron Troya por Angola y decidieron formar parte en una invasión inexplicable. Vergonzoso episodio en la historia de mi país.
El entonces teniente Castro Espín quiso visitar la contienda y, en su primer entrenamiento, sin salir de Luanda, le explotó un RPG7 (arma de origen soviético). Así perdió la visión de un ojo. Agotado, nervioso y con ojo operado, regresó a su frenética vida con una nueva historia inventada, esta vez, adornada como mérito ensalzado, la famosa y nada despreciable “herida” en combate. La guerra para él terminó antes de comenzar.
Explicación siguiente en el próximo escrito, El ojo de la Discordia.
El calor de África es horrible; y el horror de la guerra, impensable. Previo al accidente, cuentan que un día cualquiera, Alejandro llegó a una candonga angolana rodeado de un grupo de amigos; y un nativo con malas mañas, creyéndose comerciante, le vendió a quién ya se perfilaba príncipe, una caja de cervezas donde había algunas botellas rellenas con agua. Los acompañantes lo hicieron objeto de burlas, y pasó lo inconcebible, quien opta por la venganza nunca estructura igualar sino superar el agravio. Las sonrisas terminaron cuando una bala de Browning atravesó la cabeza del vendedor fraudulento.
Podría escribir horas, pero no, porque como versa el dicho, nadie mejor que un marino para saber usar su ancla. Por ahora aquí termino, asqueado, recordando a este sujeto despreciable, arrogante, mojigato, abusador, iracundo, rencoroso, acomplejado y, a falta de mejores frases, emocionalmente inaccesible y temperamentalmente inadecuado.
Alejandro Castro Espín, entonces Teniente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba, llegó a la República Popular de Angola en 1989, como parte del contingente militar cubano enviado a tierras africanas. Durante su estancia en dicho país, Alejandro pasó por el Centro de Entrenamiento en Lucha Contra Bandidos (LCB), ubicado en Funda, Provincia de Luanda (8°50’44.90″S 13°32’51.18″E). Fue precisamente durante uno de los entrenamientos de tiro con los lanzacohetes RPG-7, que Alejandro se accidentó, perdiendo su ojo Izquierdo.
Foto se puede ampliar dando un click arriba de la imagen.
Centro de Entrenamiento en Lucha Contra Bandidos (LCB), ubicado en Funda, Provincia de Luanda. Fecha de la foto, 2 de diciembre del 2005.
Aquí les pongo un mapa satélite de Google Maps, se puede mover y acercar la imagen. Fecha de la imagen 20 de Enero del 2013.
Los entonces recién llegados oficiales realizaban los entrenamientos previos en el campo de tiro ubicado a las afueras del poblado de Funda, y habían sido advertidos de tomar la distancia preventiva (20 metros) detrás de los militares que realizaban ejercicio de tiro con el antes mencionado lanzacohetes. La violación de esta norma de seguridad elemental, provocó que el taco de goma-espuma (número 20 en la figura que aparece más abajo), le golpeara el ojo, con la consecuente pérdida del órgano. El antes mencionado taco, es parte de la carga propulsora del cohete PG-7 (versión antitanque), que usa el lanzacohetes RPG-7.
Videos ejemplos de lo que no se debe hacer cuando se dispara un RPG-7.
Alejandro Castro Espín, fue intervenido quirúrgicamente en el Hospital Militar Central de Luanda, y enviado inmediatamente a Cuba, interrumpiendo así su “misión internacionalista”, sin haber participado en ningún combate en dicho país. Sus escoltas, también compañeros de armas de Alejandro, fueron sancionados y desmovilizados del servicio activo de las FAR.
Muchas gracias a los muchos que me ayudan, sin ustedes nada de esto se podría saber.
Tomado de Cafe Fuerte: http://cafefuerte.com/cuba/noticias-de-cuba/politica/2922-oficial-cubano-a-cargo-de-compras-para-seguridad-presidencial-en-venezuela
Por Juan Reynaldo Sánchez*
Documento de compras realizadas para la Seguridad Personal y la Contrainteligencia por parte de Cuba.
Un alto oficial de la Seguridad del Estado que durante años se encargó de las compras de abastecimientos fundamentales para la cúpula gobernante en Cuba, cumple también ahora con similar asignación respecto a Venezuela.
Desde hace algún tiempo el Teniente Coronel Juan Francisco Cuní Fernández está asesorando a la seguridad presidencial en Venezuela. Este oficial cubano es un especialista en la utilización de los medios técnicos para la protección de los dirigentes. Su asesoramiento va desde el empleo de medios para la detección de explosivos, venenos, contaminación ambiental (virus y bacterias) y gases venenosos, hasta la instalación y detección de técnica de escucha (micrófonos) utilizados en la seguridad de presidentes y personalidades de alto nivel.
Es también un experto en el uso de medios fotográficos y cámaras de video para grabar y dejar constancia de eventos políticos y encuentros privados importantes.
El grueso de las transacciones de realizan en Panamá y México, que son los dos principales mercados que suplen las necesidades inmediatas del Ministerio del Interior (MININT) desde los días del Departamento MC, bajo la dirección del Coronel Antonio “Tony” de la Guardia.
Hicimos muchos trabajos de seguridad personal –tanto en Cuba como en el extranjero- en los que contamos con la experiencia de Cuní, de manera que lo conocemos plenamente.
Cuní y personal de su Departamento de la Técnica Especializada (TES. DSP) apoyaban la seguridad de Fidel y Raúl Castro mediante la revisión de habitaciones y locales que serían utilizados por ambos dirigentes cubanos, y velaban por el cuidado de la jefatura, impidiendo que fueran objeto de atentados con explosivos, venenos y sustancias tóxicas, y que fueran grabados en su intimidad o en conversaciones importantes con personalidades cubanas o extranjeras.
Para suplir las necesidades de los medios técnicos necesarios, Cuní realiza anualmente un proyecto de inversiones, que incluye las compras de medios y equipos, así como su posible utilización. El proyecto es informado al jefe de la seguridad personal, General de Brigada Humberto Francis Pardo, para su aprobación.
Ese mismo análisis y propuesta de medios y equipos para la protección personal, lo está realizando actualmente Cuní para el jefe de la seguridad presidencial y su homólogo cubano en Venezuela.
Las compras de equipos fuera de Cuba se realizan por medio de la Empresa Importadora de Abastecimiento Técnico Material (EMIAT), bien conocida por su antigua relación con la Seguridad del Estado (STASI) en la extinta República Democrática Alemana.
Entre los directivos de la EMIAT figuran el Coronel Enrique Sánchez y la ingeniera Alina Alfonso es la designada para tramitar las compras de la Dirección de Seguridad Personal y de la Contrainteligencia por vía de esta empresa.
Compras en Panamá
Es cierto que cuando se necesitan algunas compras inmediatas para Fidel y Raúl Castro, pueden realizarse por medio de otros canales más expeditos como las embajadas cubanas en el exterior o el envío de compradores directamente desde La Habana, como viene sucediendo con la comida biótica, que en estos momentos consume Fidel Castro y que también consumió el presidente Hugo Chávez durante su estancia y convalecencia en la isla.
Existen proyecciones de compras y ofertas de equipos realizadas en Panamá para el presente año. Hay una oferta de equipos electrónicos del grupo internacional Carbacan S.A., con sede en Ciudad de Panamá. La firma panameña tiene representación en La Habana en el edificio del Miramar Trade Center, en el municipio Playa.
La mayoría de las ofertas que documentan en este artículo son medios fotográficos destinados a la Sección Fílmica de la Seguridad Personal, donde trabaja, junto a otros fotógrafos, Alex Castro Soto del Valle, hijo de Fidel Castro. La otra parte de estos insumos va a la Dirección de Contrainteligencia para el uso de sus agentes y oficiales.
Se comenta mucho por estos días la crisis de abastecimientos en Venezuela, para no hablar ya de las proverbiales carencias de Cuba. Pero poco se conoce de estos gastos de cientos de miles de dólares anuales para seguridad y bienestar de la cúpula gobernante cubana. Lástima que en su dependencia mimética del régimen castrista, la dirigencia venezolana haya caído también en esta trampa de derroche por el poder.
*Juan Reynaldo Sánchez fue escolta personal de Fidel Castro entre 1968 y 1994, con grados de teniente coronel. Fue destituido y cumplió prisión en Cuba. Logró abandonar la isla en el 2008 y actualmente reside en Miami. Tiene en preparación un libro sobre su experiencia en la seguridad personal del gobernante cubano.
Algunas notas más para añadir a esta información:
1) El Teniente Coronel Juan Francisco Cuni Fernández, en un negro alto de unos 57 años de edad, vive en Avenida 27, Edificio 54, Apartamento 28, entre 234 y 236, en San Agustin.
2) La Compañía GICSA (Grupo Internacional Carbacan Sociedad Anónima), es una compañía creada por la inteligencia cubana en Panamá, El director y el subdirector de esa compañía son españoles que residen y tienen sus familias en Cuba. El Director se llama Juan Manuel Carballeira Rodriguez es ciudadano español con pasaporte numero 540645 y también tiene un carnet de identidad cubano 4210128949, ósea que nació el 12 de Octubre de 1942, y vive en Infanta 1670, entre Velázquez y Sequiero, en El Cerro, vive ahí con Carmen Nuris Aguilera Regalado, también tenemos su carnet de Identidad cubano: 74072122553.
El subdirector de esta empresa se llama José Luis Conesa Olivares, también español de Murcia, residente en Cuba, y dueño de varias compañias en Cuba de importación, una de ellas se llama Comercial Whiterhorn, S. L. , con las oficinas en 5ta esquina 78, Edificio, Santiago de Cuba, Oficina 304 y 313, Piso 3, Centro de Negocios en el Miramar Trade Center, su email es whitevend@mtc.co.cu, sus teléfonos en la Oficina 313 son: 204-5173 en la Oficina 304: 204-1291, 204-1292 y el Fax es 204-1329.
Este escrito permanecerá encabezando esta página por un tiempo indefinido, los escritos nuevos saldrán en la parte inferior a este, hacemos esto para que se entienda nuestro mensaje, estamos en pie de Guerra, y los dictadores Castros sufrirán nuestra ira.
Las Familias de los Castros al Descubierto a todo lujo de detalles, información
secreta y confidencial, como nunca se les ha conocido, fotos, donde viven, fechas de nacimiento, carnet de identidad, teléfonos, es hora para los dictadores cubanos pensar en el futuro que quieren para con sus familias, lo mismo que paso con Muammar Gadaffi, o Saddam Hussein, eso pasara si continúan en el poder, aquí pondremos toda la información para que los cubanos hagan lo que piensen sea justo. En Cuba después de más de 50 años debe existir una Democracia plena con diferentes partidos políticos, la libertad de opinion y los derechos humanos deben ser respetados. Llevamos más de 50 años esperando.
Y ya basta.
En el Blog Cuba al Descubierto, hemos perdido la paciencia y no pararemos en desenmascaran a los que abusan del pueblo cubano hasta que CUBA SEA LIBRE, nos vamos a meter con la familia de los que hasta ahora son impunes. Que se prepare Raúl Castro Ruz, le vamos hacer temblar los cimientos de su casa Y Fidel no quedara atrás. Tomen NOTA.
No tenemos nada en contra de nadie, queremos LIBERTAD para Cuba YA.
El primero será el Coronel Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro y Vilma Espín, nació el 29 de Julio de 1965.
Tomado de: http://cafefuerte.com/cuba/noticias-de-cuba/politica/2879-quien-es-el-hombre-fuerte-de-la-inteligencia-cubana-en-venezuela
Por Juan Reynaldo Sánchez*
Alexis Frutos (en círculo) reunido con altos mandos militares venezolanos en Caracas.
En uno de sus últimas apariciones públicas antes del viaje final a La Habana, Hugo Chávez hizo alusión a un tal Alexis –sin apellidos- dándole las gracias por el trabajo desarrollado como miembro del grupo de cubanos que velaban por su salud.
¿Quién era en realidad este importante señor que Chávez se dignaba en nombrar como una suerte de familiar cubano?
La duda quedó despejada el pasado 4 de mayo, en ocasión de un acto oficial en Caracas para condecorar a ocho médicos militares de la Misión Martí, dedicada a velar por la salud de Chávez desde el 2003. La ceremonia fue realizada en el Cuartel de la Montaña, junto al panteón donde descansan los restos de ex mandatario venezolano, y Nicolás Maduro tuvo a su cargo la imposición de la Orden Generalísimo Francisco Miranda de Primera Clase al selecto grupo.
En el video del acto –transmitido por la estatal VTV- apareció el coronel de la Inteligencia cubana, Alexis Frutos Weeden, sentado junto a Maduro y al embajador Rogelio Polanco.
El Frutos que conocí
Conocí muy bien a Alexis Frutos. Las primeras noticias de este oficial se remontan a la época en que el jefe de la Inteligencia cubana era el comandante Joaquín Méndez Comiche. Por entonces Frutos era el Segundo Jefe de Personal y Cuadros de la Dirección General de Inteligencia (DGI), bajo las órdenes del jefe de ese departamento, el coronel José.
Cuando el General de División Luis Barreiro Caramés (hoy suegro de Fidel Castro Díaz Balart, hijo de Fidel Castro Ruz) tomó el mando en la DGI, a finales de los años 70, el coronel Frutos desempeñaba el cargo de jefe del Grupo Psicológico de la inteligencia, encargado de preparar a oficiales y agentes de inteligencia.
Frutos siempre se destacó por ser un adulador de los jefes y siempre tuvo la ambición de pertenecer a la parte operativa de la inteligencia. Siempre quiso ser un oficial operativo. Los acontecimientos de la Causa No. 2 de 1989 –juicio contra el General José Abrantes y un grupo de altos oficiales del Ministerio del Interior (MININT)- provocaron la intervención del organismo por oficiales de las Fuerzas Armadas, que asumieron el mando de las principales direcciones del MININT, menos la dirección de Seguridad Personal. En esta dependencia, el General Humberto Francis Pardo había asumido su cargo en una fecha reciente, y era un hombre de Raúl Castro con toda la confianza de Fidel Castro.
Por entonces Frutos, en actitud sumisa y oportunista, continua sus adulaciones al entonces General Carlos Fernández Gondín, designado al frente de la Inteligencia tras los acontecimientos del verano de 1989.
Ambiciones de Futuros Negocios
Pero la ambición de Frutos no se concretaba y comenzó a merodear -junto al General Orlando Delgado “Orlandito”, ex jefe de despacho de Abrantes- las instalaciones de un grupo de trabajo que creado por Fidel Castro en una oficina en las calles 19 y 0, en El Vedado, bajo el rotulo de ¨Futuros Negocios¨. (“Orlandito” seguía siendo hombre de comfianza tras declarar contra Abrantes en el juicio de la Causa No. 2)
Al frente de este grupo se encontraba el Coronel Saúl, de la Dirección de Inteligencia (DI), quien se encargaría de planificar, controlar y establecer negocios fuera de Cuba, incluyendo Panamá, México y Estados Unidos.
Como directivos de las empresas de Futuros Negocios se utilizarían a supuestos desertores cubanos. Aludiendo a la misión de este grupo empresarial, Fidel Castro manifestó delante de mí y en presencia de algunos de sus más cercanos colaboradores, que “al imperialismo había que darle donde más le duele, en el dinero”. (De ahí mi certeza de que muchas de las estafas realizadas por cubanos en territorio estadounidense tienen detrás al gobierno de La Habana).
Entre 1999 y 2003, Frutos estuvo como encargado de negocios en la Embajada de Cuba en Panamá y, sin dudas, su relación con el grupo Futuros Negocios había dado resultados.
En Panamá y junto al coronel de la inteligencia Carlos Rafael Zamora, más conocido como el Gallo Zamora (hoy embajador en Brasil), Frutos informaba a Cuba de las actividades de corrupción y posible vinculación con la CIA del empresario panameño Alejandro Abood y de varios funcionarios cubanos que le habían vendido información sensible. Abood fue arrestado en La Habana en el 2001 y devuelto a su país dos años después.
Designado en Venezuela
Frutos salió hacia Venezuela para ocupar el cargo formal de ministro consejero de la embajada cubana en Caracas, pero en realidad su designación sería como jefe de la inteligencia en el país suramericano. El coronel fue encargado además por las autoridades cubanas con la responsabilidad de supervisar la salud del presidente Chávez y sobre todo mantener el control sobre el equipo médico de la Misión Martí.
Además de mantener en estricta vigilancia a los oficiales miembros de la Misión Martí y evitar fugas de información con respecto a la salud del mandatario, Frutos mantuvo informados a Fidel y Raúl Castro de todos los pormenores de la salud de Chávez desde el 2003. Por esta época también llegó a Venezuela el General Fabián Escalante Font, alias Roberto, encargado durante años a la contrainteligencia cubana y con vasta experiencia en tareas de enfrentamiento a actividades subversivas contra el régimen castrista.
El coronel Frutos tiene dos hijas con Mayra Mena, su esposa. La mayor se nombra Patricia Frutos Mena y trabaja actualmente para la inteligencia cubana en la Embajada de Cuba en Beijing, China. La segunda, Mayra Frutos Mena, está con su padre en Venezuela probando los manjares de la cúpula chavista.
Esta es la cosecha de Alexis, pilar del espionaje cubano en tierras venezolanas, a quien tanto Chávez agradecía por su dedicación y lealtad ante la cercanía de la muerte.
*Juan Reynaldo Sánchez fue escolta personal de Fidel Castro entre 1968 y 1994, con grados de teniente coronel. Fue destituido y cumplió prisión en Cuba. Logró abandonar la isla en el 2008 y actualmente reside en Miami. Tiene en preparación un libro sobre su experiencia en la seguridad personal del gobernante cubano.
Tomado de: http://www.avizora.com/atajo/colaboradores/textos_jorge_serrano_torres/0013_servicios_secretos_cubanos_y_venezolanos.htm
“Las hienas no invitan ni aceptan combate abierto, llano, de frente. Persiguen a sus presas con enorme paciencia y ganan las batallas por cansancio. Las hienas son voraces a la hora de rematar. Se ceban con los débiles y no pierden la oportunidad”.
El cubano Juan Rodríguez Menier (“Cuba por dentro: El MININT”. Ediciones Universal, Miami, 1994), ex-oficial del Ministerio del Interior (MININT) de Cuba, durante 28 años, en funciones de inteligencia y contrainteligencia (CI); así como su compatriota, Juan Reyes-Alonso (“La cultura cubana y su expresión en los servicios de inteligencia. National Defense Intelligence College. Washington, D.C. 2009), especialista en inteligencia y ex-oficial operativo de la Dirección General de Inteligencia (DGI) de Cuba, en una etapa crucial (1989-1997); nos remontan hasta 1959 para ubicar los orígenes de los servicios secretos cubanos.
En 1960, Fidel Castro llegó al poder en Cuba y creó dos organismos en el nuevo MININT: el Departamento de Seguridad del Estado (DSE) y la DGI. El DSE empezó a funcionar dentro del territorio cubano y asumió las tareas de CI del DIER. Por su parte, la DGI se convirtió en el más importante servicio de inteligencia y CI exterior, bajo la dirección del temido y eficiente comandante Manuel Piñeiro Losada (seudónimo Barbarroja y criptónimo M-1), muerto en un accidente automovilístico durante marzo de 1998.
Al contrario de lo sucedido con el DSE, que no tuvo asesoría soviética, la DGI, sí dependió de esta asesoría desde 1965. A su vez, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) cubanas, implementaron servicios secretos propios: la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) y la Dirección de Contrainteligencia Militar (CIM), vigentes hasta la fecha, interactuando con la DGI. A propósito, desde el comienzo, los servicios secretos cubanos, tuvieron un desempeño fructífero debido a que diversos funcionarios del DIER y después DSE, contaban con educación superior, habiendo muchos de ellos, estudiado y residido en EE.UU. antes de servir para el régimen marxista-leninista de Fidel Castro. Esto permitió que la inteligencia y CI cubana, pudiera infiltrar comunidades de cubanos y americanos en EE.UU., y lograr un buen conocimiento sobre el gobierno y la sociedad de EE.UU., tanto como de la forma en que operaban sus agencias de seguridad e inteligencia nacional.
A su turno, la DIM y la CIM, con la ayuda de la DGI (renombrada en 1989 como “Dirección de Inteligencia”-DI), empezaron a realizar operaciones extraterritoriales, cuando Fidel Castro asumió como un objetivo político propio, el apoyo a los llamados “Movimientos de Liberación Nacional” o grupos subversivos, desatados en diversos países, principalmente en África y América Latina; sobre el particular, está comprobada la intrusión durante el Siglo XX de la inteligencia y/o tropas militares de Cuba en Tanzania, Bolivia, Chile, Colombia (aunque los grupos subversivos colombianos ELN y M-19, recibieron apoyo de Fidel Castro, él mantuvo una relación distante con las FARC); Nicaragua, Checoslovaquia, Angola, Yemen del Sur, Etiopía, Namibia, Zimbabwe y Granada, entre otros.
Todo ello, sumado al entrenamiento y adoctrinamiento en Cuba, de cuadros subversivos como el ERP argentino; “Tupamaros” uruguayos; “Macheteros” portorriqueños; Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional salvadoreño; Frente Patriótico Manuel Rodríguez y Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile, por lo menos. Sin duda, este potencial operativo se reforzó considerablemente, gracias a la capacitación e ingente apoyo técnico y económico de la KGB soviética y de otros servicios secretos del bloque socialista, como de Alemania Oriental, Bulgaria y Hungría, por ejemplo.
Accionar y estructura actual de la inteligencia cubana
Claramente, el espionaje en territorio extranjero es una actividad ilegal independientemente de las personas involucradas y las razones por las cuales se ejecute dicha actividad. El espionaje practicado por diplomáticos o funcionarios cubanos de la DI en suelo extranjero y gozando de inmunidad diplomática, es conocido en Cuba como “espionaje legal”, a esos oficiales se les conoce como “Oficiales Legales” (OL), y a los centros donde trabajan, ubicados en las embajadas cubanas, se les denomina “Centros Legales” (CL). Los CL difieren en su tamaño físico y logístico, dependiendo del país en que se encuentren ubicados: mientras más importante es el país o en ocasiones el área geográfica, mayor y mejor dotado será dicho CL. Refiero “área geográfica”, pues a veces, debido a la situación operativa específica de un país, no es factible que dispongan de un gran CL dentro del mismo; este es el caso, de países con los que Cuba no tiene relaciones diplomáticas. En esa situación, emplea otros CL en países vecinos, que tal vez, no sean de gran importancia operativa, como el país con el que carece de vínculos diplomáticos.
En relación a Estados Unidos, sucede algo distinto, pues no obstante que Cuba dispone de una Oficina de Intereses en Washington, D.C., y una Oficina ante la ONU en Nueva York, que han sido por casi 50 años, dinámicos centros de espionaje usados por funcionarios cubanos y sus colaboradores que gozan de inmunidad diplomática; no resulta suficiente para el enfrentamiento contra una potencia como Estados Unidos. Por ello, tradicionalmente la inteligencia cubana se apoyó y apoya en los CL de países vecinos como México y Canadá, para espiar en Estados Unidos
Los CL tienen mayormente, un Jefe y un Segundo Jefe, así como un equipo de oficiales que varía según la importancia del CL y la disponibilidad de recursos de la inteligencia. Igualmente, existe en las embajadas cubanas un “Oficial de Cifras” (OC), que no es agente de inteligencia, pero sí integrante del MININT, y por orden directa de Raúl Castro, toda información confidencial (incluidas las comunicaciones de diplomáticos de carrera) debe ser enviada a través de ese oficial encargado de cifrar y descifrar los mensajes que salen y entran a la embajada cubana. El OC, vive en la embajada y únicamente sale acompañado por oficiales del CL o integrantes del cuerpo de protección de la embajada, llamados “Custodios”, para evitar que sea reclutado por otras agencias de inteligencia o vaya a desertar; pues tiene acceso a información clasificada y a mecanismos de cifrado y descifrado de esa información. Los “Custodios”, son responsables de la protección física y del personal asignado a las embajadas; por lo tanto, siempre son miembros de la inteligencia cubana, y reciben entrenamiento especializado: aprendizaje de idiomas extranjeros, técnicas de defensa personal, manejo de armas, medidas de CI, entre otros afines.
La estructura central de la actual Dirección de Inteligencia (DI) de Cuba, y la función que cumplen sus departamentos, es la siguiente: Departamento M-I para la inteligencia y CI sobre Estados Unidos; Departamento M-II, dedicado a la inteligencia y CI en América Latina; Departamento M-III, encargado del análisis de inteligencia estratégica. Departamento M-V, no sólo es el más secreto y compartimentado, sino que casi funciona como una dirección autónoma, con un presupuesto desconocido aún para el jefe de finanzas de la DI, quien a la par, ignora la totalidad de la plantilla de Oficiales Ilegales (OI) del M-V, y su posible ubicación en el mundo, por el tipo de monedas que manejan. Apenas un selecto grupo en la DI y en las altas esferas del régimen castrista, conocen las verdaderas cifras e identidades de los OI y clandestinos del M-V. Estos OI, altamente preparados, se establecen en el país donde son asignados para cumplir misiones vitales, logran pasar desapercibidos ante las agencias de CI domésticas y también frente a los ciudadanos oriundos de esos países.
Los contactos entre Oficiales Legales (OL) y OI de la DI, tanto en Cuba como en territorio extranjero, son muy esporádicos, por lo indefensos que estarían los segundos, en caso de deserciones y delaciones de OL; así como por el hecho que en territorio extranjero, usualmente, los OL son objeto de vigilancia a cargo de agencias de CI nacionales. De ahí, que sean más comunes encuentros no personales entre OL y OI, utilizando buzones, comunicaciones radiales cifradas, mensajes a través de terceras personas con menos riesgos de ser vigiladas, la Internet, entre otros medios. Estos OI, suelen ejercer una ciudadanía que no es la cubana, a pesar de haber nacido en Cuba, y sus documentos de identidad son tan legítimos como aquellos que poseen ciudadanos de los países de donde dicen ser oriundos, pues fueron emitidos por autoridades de esos países, ya que en base a su especializado entrenamiento, logran burlar los controles para su obtención. Aunque en Venezuela, agentes cubanos de inteligencia, podrían obtener falso pasaporte e identidad venezolana, más fácil: El editor del diario opositor venezolano, “Tal Cual”, Teodoro Petkoff, denuncia que personal cubano, ha sido ubicado por el gobierno chavista en una entidad clave: “Oficina Nacional de Identificación y Extranjería” (Odinex), que desde junio del 2009, se denomina “Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería”.
Volviendo al Departamento M-V de la DI: además de contar con abundantes recursos y personal altamente capacitado, se nutre a través de sus Oficiales Operativos que dirigen a los OI, de información valiosa del resto de departamentos de la DI o de la CIM y DIM, entre otros organismos militares y civiles, del Estado cubano. En definitiva, el Departamento M-V, es la elite de la inteligencia cubana.
Entre tanto, el Departamento M-VI, está comisionado al espionaje industrial y medidas para el rompimiento del embargo de Estados Unidos hacia Cuba. Junto a ellos, el M-VIII, está conformado por veteranos oficiales de inteligencia que han cumplido misiones en el exterior, y se dedican al acercamiento con extranjeros que residan o estén de visita en Cuba, ya sea para reclutarlos o descartar que estén involucrados en acciones contra del gobierno cubano. Así, el M-VIII es muy útil por sus funciones de inteligencia o de CI. Y mientras, el Departamento M-X es la Jefatura de la DI; el M-XI, intercepta comunicaciones internacionales, particularmente de Estados Unidos y emite señales de radio cifradas para agentes cubanos en el exterior. El Departamento M-XV, diseña complejos programas informáticos para apoyar comunicaciones de agentes cubanos. Al mismo tiempo, el Departamento M-XIX, sirve para espiar e infiltrar comunidades de cubanos en el exterior; el M-XX, maneja los cuerpos de protección de las embajadas cubanas, llamados “Custodios”. Finalmente, el M-XXV se enfoca en el Continente europeo y el M-XXX, en el africano.
Completando este cuadro del sistema de inteligencia cubano, sus actuales jefes y responsables son: el general del Ejército, Raúl Castro Ruz (Presidente del Consejo de Estado); general del Ejército, Abelardo Colomé Ibarra (Ministro del Interior-MININT); general del Ejército, Julio Casas Regueiro (Ministro Primero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias); general del Ejército, Carlos Fernández Gondín (Miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Viceministro Primero del MININT); general del Ejército, Eduardo Delgado Rodríguez (Director de Inteligencia) y el vicealmirante Julio Gandarilla Bermejo (Director de Contrainteligencia Militar).
Cuba: ¿Liderando una “Guerra Fría Regional”?
Los siguientes detalles de operaciones de inteligencia extraterritoriales cubanas, desde fines de los 90 hasta la fecha, actualizan y desenmascaran la intensidad de una “Guerra Fría Regional”, y muestran la determinación de los hermanos Fidel y Raúl Castro, de continuarla; dejando interrogantes por responder: ¿Quién y para qué, financia esta gran capacidad de la inteligencia de Cuba, cuando son públicas y evidentes las limitaciones económicas del Estado cubano?
Tras una prolongada indagación, en setiembre de 1998, el FBI arrestó a diez individuos en la Florida-EE.UU., por llevar a cabo labores de espionaje contra EE.UU. a nombre de Cuba. El servicio de investigación criminal de la Marina de EE.UU. formó parte de las pesquisas: se había descubierto la “Red Avispa”, revelando lo extenso del espionaje cubano en territorio estadounidense. La “Red Avispa”, integrada por agentes cubanos, tenía la misión de espiar agencias oficiales estadounidenses e infiltrar instalaciones militares de EE.UU., como el Comando Sur y el Comando Central en Tampa-Florida, responsable de acciones militares contra-terroristas en Afganistán y en el Sur de Asia. En paralelo, los espías cubanos debían penetrar grupos anti-castristas en el Sur de la Florida y maniobrar sus actividades e intentar manipular instituciones políticas y gubernamentales de EE.UU., por medio de la desinformación y falsa colaboración. Según averiguaciones de la justicia y organismos de inteligencia de EE.UU., la “Red Avispa” recibía el soporte financiero de Cuba y trabajaba directamente para la DI del MININT, en una operación compartida con la inteligencia militar de las FF.AA. cubanas.
Y esto es posible, porque Cuba conserva un elevado potencial de espionaje, que le fue suministrado por la ex-U.R.S.S., luego por la Federación Rusa, y en los últimos años, por la República Popular China. Incluso, Cuba domina lo que se conoce como lo más moderno en la inteligencia mundial: la inteligencia de Reconocimiento y Signatura (MASINT o Measurement and Signature Intelligence), que le permite hacer un análisis cuantitativo y cualitativo de los datos e informaciones obtenidos mediante sensores especiales instalados en satélites o vehículos terrestres, agrupando varios subtipos: inteligencia acústica; de radar; infrarrojos; láser; nuclear; óptica; radiación no intencionada; química y biológica; inteligencia de radio-frecuencia; inteligencia electro-óptica, entre otros.
Bajo este esquema, los servicios secretos cubanos se ubican en el nivel más alto de la inteligencia internacional, al sumar este ámbito (MASINT), a las ya tradicionales: inteligencia humana (HUMINT o Human Intelligence); inteligencia de las comunicaciones (COMINT o Communications Intelligence); inteligencia electrónica (ELINT o Electronic Intelligence); inteligencia de señales (SIGINT o Signals Intelligence); inteligencia de las imágenes (IMINT o Imagery Intelligence), y la inteligencia geoespacial (GEOINT o Geospatial Intelligence).
Respecto al tema, en el libro: “ENEMIES: How America´s Foes Steal Secrets – And How We Let It Happen” (2006) de Bill Gertz, reportero sobre el Pentágono para el diario “Washington Times”, se revela que la estadounidense Ana Belén Montes -arrestada por el FBI en setiembre del 2001- trabajó para la inteligencia cubana por 16 años. La DI cubana la reclutó cuando todavía estudiaba, y la encaminó a una carrera en la Defense Intelligence Agency (DIA), la agencia de inteligencia para la Defensa de EE.UU., donde llegó a ser analista principal sobre Cuba, y tuvo más de cien reuniones con agentes de la DI cubana. Según Gertz: “Ana Montes (44 años), puede haber causado más daño a la seguridad nacional de EE.UU. que los casos de Aldrich Ames (CIA) y Robert Hanssen (FBI). La razón es sencilla: “Tenía acceso a secretos de inteligencia mucho más vitales que cualquiera de esos dos agentes dobles.”
Por su parte, Cuba compartía la información robada por su espía Montes, con Rusia, China y quizá Irán. En algunos casos, hasta cobraba por ella. Montes no se limitó a filtrar inteligencia a los cubanos, sino que también influenció con su desinformación, la política de EE.UU. hacia Cuba. Esto ocurrió bajo la administración Clinton, cuando mediante sus informes, consiguió que se subestimara la capacidad de Cuba en áreas de “Guerra Asimétrica”, tales como bio-terrorismo y ciber-terrorismo, constituyendo hasta ahora, el agente cubano más significativo capturado en EE.UU.
Y si algunos creían o pretendían hacer creer, que el espionaje cubano en el exterior ya era cosa del pasado. Nada más falso. Otro caso: el ex funcionario del Departamento de Estado de EE.UU., Walter Kendall Myers y su esposa Gwendolyn Steingraber Myers, fueron arrestados durante junio del 2009, en Washington, por el FBI, acusados de espiar para Cuba ¡durante 30 años! El Departamento de Justicia de EE.UU., precisó que la pareja le dijo a un agente encubierto del FBI, que eran conocidos como agentes “202” y “123”, y dada su importancia, se habían entrevistado personalmente con Fidel Castro, algo que el enfermo ex-presidente reconoció en su columna “Reflexiones”, divulgada por medios estatales cubanos en junio del 2009.
Su fortaleza: la inteligencia humana clandestina
Desde sus comienzos y hasta el presente, tanto la DI como la DIM y la CIM cubanas, han explotado con gran éxito, el factor humano de la inteligencia, en buena medida, porque no contaban con suficientes recursos técnicos y financieros propios para hacerlo de otra manera. También, porque la mayoría de sus reclutamientos han estado y continúan basados, en el factor ideológico (“batalla de la ideas”), lo que implica una alta dosis de capacitación y adoctrinamiento de los agentes cubanos, así como bien elaborados trabajos de CI. Garantizando siempre, el cumplimiento de la Orden Nro. 1 del MININT, que dice: “Todo miembro del MININT, tiene como primera tarea, velar por la seguridad y preservación de la vida del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y del Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba (y ahora reemplazante de Fidel), el General de Ejército, Raúl Castro Ruz”.
Según lo expuesto, sin duda cazar espías es difícil, pero detectar espías cubanos es aún más complicado y demanda complejas investigaciones por diestros equipos de CI, bien proveídos -tecnológica, logística y financieramente-, quienes deben descubrir algo más consistente que pequeños trozos de información y pistas aparentemente inconexas; pues los espías cubanos dejan pocos rastros. Y porque la inteligencia cubana se especializa en reclutar como agentes dobles, a “verdaderos creyentes, idealistas y místicos del marxismo-leninismo”, en lugar de agentes que sólo trabajen por dinero. Hecho que los hace más peligrosos para la seguridad nacional de los países donde operan.
Los espías ideológicamente motivados, son muy sigilosos, no dejan pista financiera ni caen en gastos ostentosos que atraigan la atención para ser detectados por la CI nacional. Así mismo, los servicios de inteligencia cubanos, están dispuestos a esperar años, incluso décadas, a que un agente reclutado ascienda a una posición donde le sea útil; se conforma con tener agentes en posiciones intermedias con acceso a información, pero sin poder ejecutivo. Por ello, es muy difícil detectar a los agentes cubanos, a menos que un patrón de comportamiento inusual haga sospechar a las agencias de CI, de los países donde los cubanos espían o realizan operaciones especiales de inteligencia.
Sobre este asunto, en una entrevista (Diario El Universal-México D.F. 22/01/2007), Brian Latell, quien por más de 30 años, trabajó como analista de la CIA para América Latina y durante 15, integró el Consejo Nacional de Inteligencia de EE.UU., afirma sobre la inteligencia cubana lo siguiente: “Es una de las mejores, en mi opinión. Creo que después de EE.UU., Gran Bretaña, Rusia, Israel y China, Cuba sigue entre los más altos rangos”. Bajo esa perspectiva, los jefes de CI que pretendan identificar, localizar y capturar una red de espías cubanos, deben inspirarse en el proverbio chino: “Hacer de la paciencia un arte y de la espera una virtud”. Pero igualmente, es imprescindible que un Estado extreme las medidas activas de CI, cuando tenga indicios de la intromisión de la inteligencia cubana (y/o sus aliados) en su territorio; con mayor razón, ahora que Cuba tiene como benefactor estratégico, al régimen de Hugo Chávez, con ingentes recursos económicos acumulados, pero sobre todo, una clara intención de expandir en América Latina, su proyecto geopolítico socialista y antidemocrático.
En adición, Cuba posee una de las bases más modernas de “Inteligencia de señales” del mundo, en Bejucal al Sur de La Habana, cuyas instalaciones para espiar a EE.UU., fueron construidas por Rusia para Cuba, a un costo de cientos de millones de dólares (a fin de reemplazar a la base de Lourdes, desmantelada por los rusos luego del 11/09/2001); y en ella, trabajan unos mil ingenieros y técnicos cubanos, pero en 1999, después de negociaciones entre Raúl Castro y el Ministro de Defensa de la República Popular China (CRPCH), Chi Haotian, se acordó que personal militar chino utilice la base de Bejucal junto al personal cubano; y a cambio, la base utilizaría los satélites de comunicación, imágenes y fotos de RPCH, en lugar de los de Rusia.
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BERE, Brigada de Exploración Radio Electrónica, UM-1757, Bejucal
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Resulta, que CRPCH es el país que más satélites ha lanzado al espacio entre 1999 y 2008: unos 30 desde su base de Taiyuan, cerca de Beijing.
En esa línea asociativa, al suscribir 14 convenios en La Habana, con el presidente de Cuba, Raúl Castro, por varios cientos de millones de dólares, (16/10/2007), el Mandatario Hugo Chávez, expresó: “Cuba y Venezuela, podríamos conformar en un futuro próximo una confederación de Repúblicas; dos Repúblicas en una, dos países en uno”. Lo concreto, es que los lazos entre el régimen de Chávez y Cuba, se afianzan a todo nivel: la empresa binacional (cubana-venezolana) “Telecomunicaciones Gran Caribe S.A.” con apoyo de RPCH, culminarán el 2010, un cable submarino de fibra óptica de 1.552 kms. a un costo de US$70 millones, que unirá La Guaira, Estado de Vargas en Venezuela y Siboney en la provincia de Santiago de Cuba. Está previsto, que esa red (además se ampliará a Jamaica y Nicaragua), potencie el sistema de Internet cubano y sirva para implementar un control de las comunicaciones nacionales y externas de los personajes e instituciones hostiles al régimen chavista, bajo asesoría de la curtida contrainteligencia cubana, luego que Chávez nacionalizara el 2007, la compañía telefónica CANTV.
Con esa orientación, en enero del 2009, el gobierno chavista tomó control del satélite geoestacionario de comunicaciones “Venesat-1” ó “Simón Bolívar”, mediante un contrato con la RPCH por 406 millones de dólares, para expandir su señal hacia América Central, el Caribe y América del Sur. Y según Chávez, tendrá uso político: “Ayudará a la construcción del Socialismo del Siglo XXI”, y se pretende que mediante un manejo seguro de la información (telefonía, Internet y transmisión de datos), mejoren las capacidades de comunicación, vigilancia y control, en las operaciones de los servicios secretos venezolanos y cubanos; más aún, si para el 2011, el gobierno de Venezuela planea disponer de un segundo satélite, de observación y monitoreo territorial construido por la misma RPCH, y el 2013, un centro de control satelital en territorio venezolano.
Trasladada esa convergencia tecnológica, al plano de la doctrina militar y de inteligencia, cabe mencionar el libro: “Guerra sin Restricciones” (Beijing, PLA Literature and Arts. Publishing House, febrero, 1999), donde los coroneles de la RPCH, Qiao Liang y Wang Xiangsui, desarrollan la primera obra para abordar a fondo, las Guerras Asimétricas. Dicho texto, es considerado por estrategas castrenses y de inteligencia venezolanos tanto como cubanos, una obra de consulta esencial sobre Guerras Asimétricas futuras; ya que en él, se analiza el empleo de toda forma de lucha no convencional y sin frenos éticos, ante un enemigo superior en fuerza, tecnología e influencia política y económica.
Se considera a la “Guerra Asimétrica”, el resultado de aplicar diversos métodos de conflicto, como una “mezcla cóctel” compleja, flexible y letal. Empleando la ambigüedad, guerra psicológica y guerra política, así como privilegiando la utilización de redes clandestinas de inteligencia. Su verdadera ventaja reside en la capacidad de “golpear” y ocultarse entre la población civil, hasta provocar un punto de ebullición social que genere un accionar cruento, adjudicado al gobierno que se busca deslegitimar y derrocar. Su centro de mando, suele tener un sistema de comunicaciones elemental pero eficaz, quizá simplemente cabinas de Internet, teléfonos móviles y emisoras de radio clandestinas, intentando siempre contar con la ventaja de poder elegir su “campo de batalla”.
En este tipo de guerra, se presenta una “señal” que para los servicios de inteligencia gubernamentales puede ser muy débil, y en muchas ocasiones, inexistente, ya que tiene la capacidad de encubrirse entre la población civil, lo que generalmente anula incluso la superioridad que la alta tecnología otorga. Los “guerreros asimétricos”, también presentan una gran potencialidad en inteligencia, por su mayor conocimiento del terreno, el lenguaje y las tradiciones locales, así como por los contactos con los líderes de las distintas facciones de la zona. Del mismo modo, es muy complicado establecer su capacidad de CI, dada su destacada habilidad para infiltrarse entre las fuerzas de seguridad y en los distintos estamentos públicos locales.
Luego este andamiaje doctrinario, se tornó muy preocupante, pues en setiembre del 2008, el Director de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de EE.UU., denunció que el ex ministro de Interior y Justicia venezolano, general del Ejército, Ramón Rodríguez Chacín, y los generales del Ejército, Hugo Carvajal Barrios, jefe de la Dirección General de Inteligencia Militar (DGIM) y Henry Rangel Silva, jefe de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) “armaron, ayudaron y financiaron a las FARC”, además de estar involucrados en operaciones de narcotráfico internacional. Corroborando así, lo que Hugo Chávez había expresado el 2007, sobre los terroristas de las FARC y ELN: “No son cuerpos terroristas, son verdaderos ejércitos, que ocupan un territorio en Colombia. Hay que darles reconocimiento, son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político bolivariano, que aquí es respetado. Yo solicito a los gobiernos del Continente que reconozcan a las FARC y al ELN…”. Como era lógico, esta absurda pretensión fue rechazada por el gobierno colombiano y la comunidad internacional.
Proyecto hegemónico del eje La Habana – Caracas
El régimen chavista despliega ingentes recursos y esfuerzos para expandir en América Latina, un proyecto geopolítico cubano-venezolano, cuyo sustento ideológico se sintetiza en el enunciado: “Socialismo del Siglo XXI”, en base al cual, se desarrolla un autoritarismo populista, socialista, nacionalista y estatista, contrario al libre mercado, que gira en torno a la reelección indefinida de un líder mesiánico. Al abordar este aspecto, el académico marxista, alemán-mexicano, Heinz Dieterich Steffan (asesor del presidente Chávez), sostiene que este proyecto consiste en la creación de un Estado venezolano capaz de instrumentar el “Nuevo Proyecto Histórico de la Patria Grande”, pero también, la creación de un “Bloque Regional de Poder latinoamericano”, es decir, “un Estado regional, un mercado regional, una identidad regional y la defensa de éstos contra los desestabilizadores”.
Bajo dicho enfoque, el gobierno de Chávez despliega una “Diplomacia de tres líneas”: de Estado a Estado; Económica-Energética (inversiones ventajosas y subsidios); y la Social Directa con líderes o entidades políticas, sociales y gremiales latinoamericanas; teniendo como brazos operativos a las Embajadas de Venezuela en la región, a empresas estatales venezolanas, a la DGIM y a la DISIP, con apoyo de los servicios secretos cubanos, todos los cuales, se vienen modernizando y potenciando sistemáticamente.
En esa ruta, Venezuela y Cuba, utilizan varias estructuras internacionales: “Coordinadora Continental Bolivariana” (brazo operativo de las FARC); “Congreso Bolivariano de los Pueblos”; “Alianza Bolivariana para las Américas” (ALBA), integrada por Cuba, Venezuela, Nicaragua, Honduras (ingresó con el defenestrado presidente Manuel Zelaya); Bolivia, Dominica, y recientemente Ecuador, San Vicente y Las Granadinas, Antigua y Barbuda; unidos a la “Cumbre Continental de los Pueblos Indígenas”; “Foro de Sao Paulo”; “Foro Social Mundial” y el “Banco del Sur”. Teniendo como medio de difusión ideológica y propaganda, a la cadena de televisión “Telesur”. Incluso el ALBA, expresa en junio del 2009, “su respaldo a la revolución islámica de Irán y al gobierno del presidente Mahmud Ahmadinejad”, ratificando su apoyo a una creciente presencia política, diplomática y empresarial de Irán, lo que representa una potencial importación del conflicto del Medio Oriente y del terrorismo fundamentalista religioso a territorio latinoamericano, como otra seria amenaza para la estabilidad regional.
La intromisión chavista en el Perú
También en el Perú, se apreció esta tendencia: hubo una evidente intrusión de Hugo Chávez durante las elecciones generales del 2006, cuando tomó partido por el candidato Ollanta Humala Tasso e insultó a quien luego fue electo presidente, Alan García Pérez; más tarde, el Embajador venezolano en el Perú (entre 2007 y enero 2009), vice-almirante en retiro, Armando Laguna y su equipo de activistas, se mostraron muy dinámicos por entrometerse en diversos círculos: gobiernos regionales, frentes de defensa regional, “Casas ALBA”, asociaciones de pequeñas o medianas empresas, sindicatos, universidades y grupos políticos de izquierda radical. Hasta que Laguna, tuvo que dejar su cargo en Lima, en medio de un escándalo, por un informe de una comisión parlamentaria que denunció la injerencia en asuntos internos del Perú, por parte de las chavistas llamadas “Casas ALBA”, que en número de 140, proliferaron sin control alguno.
Pero Laguna -quien desde el 2009 era Embajador en Honduras- no estuvo sólo en sus esfuerzos por promover el “Socialismo del siglo XXI” y la “Revolución Bolivariana”, ya que en Lima, el Embajador de Nicaragua, es Tomás Borge Martínez, veterano escritor, poeta e ideólogo marxista, casado con peruana, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional y ex ministro del Interior del presidente Daniel Ortega, quien se ha vinculado muy estrechamente con el gobierno de Hugo Chávez, y que en junio del 2009, luego de otorgarle asilo político, apareció en un mitin en Nicaragua, junto a Alberto Pizango, expresando: “Nuestro pueblo lo acoge como un hermano”, obviando que Pizango, es uno de los cabecillas de las protestas en Bagua- Perú, donde asesinaron 24 policías y murieron 10 nativos.
Coyuntura en la cual, otro aliado de Hugo Chávez, el mandatario boliviano Evo Morales, siguió sus ataques contra el presidente peruano y su intervención en asuntos internos del Perú. Siendo probable, que esta actitud sea la “punta del iceberg” de un plan más funesto: donde Morales y los estrategas que lo dirigen desde La Habana y Caracas, intenten potenciar movimientos de reivindicación indigenista de Puno, muy ideologizados y excluidos socialmente, para que evolucionen hacia reivindicaciones de tipo autonómico territorial y étnicas; teniendo como “bandera”, la unificación de una inexistente “Nación Aymara” y arguyendo supuestos derechos otorgados el 2007, por la ONU, en la “Declaración de los Pueblos Indígenas”. Reivindicaciones territoriales impulsadas por estos grupos indigenistas separatistas, podrían incluir el escenario de insurgencia armada y violencia política.
Como lo sugiere una prolija investigación de la productora Agencia.peru.com (23/06/2009), donde concluye que los grupos de izquierda radical peruanos: “Partido Comunista Patria Roja” o su fachada “Movimiento Nueva Izquierda”; junto a “MIR-Venceremos”; los “etno-caceristas” y seudo-nacionalistas seguidores de Antauro y Ollanta Humala, han incitado y organizado los cruentos enfrentamientos en Bagua y en otras regiones del Perú, a través de los llamados “Frentes de Defensa” o “Frentes de Lucha”; luego que “Patria Roja”, estableciera lazos con los terroristas de las FARC. Sobre este aspecto, fuentes de inteligencia del ministerio del Interior (El Comercio, 24/06/2009), revelan que cuadros de Sendero Luminoso y del MRTA, se infiltran en las marchas de protesta, como agitadores maliciosos y aprovechan el reclamo popular, a fin de manipular asonadas violentas que destruyan la democracia peruana. Para ello, utilizan organizaciones pantallas, como el “Movimiento Patria Libre”; “Asociación Pro Defensa de la Vida y la Libertad”, y el “Movimiento de Liberación 19 de julio”.
Reflexión final: La democracia y el gobierno bajo amenaza
Como “filosofía” de su proyecto expansionista, Hugo Chávez y el régimen cubano, estarían convencidos que ha variado la naturaleza del conflicto y no se limita al empleo de la violencia militar para forzar los cambios políticos deseados, dentro y fuera de Venezuela. Más bien, consideran que se deben usar todos los medios disponibles para doblegar al adversario, enemigo o gobierno contrario a su proyecto; según esta concepción de la “Guerra Asimétrica”, “el guerrero astuto formulará su campaña explotando las vulnerabilidades políticas, económicas, sociales y de seguridad del enemigo, preparándose a destruir para reconstruir de una manera revolucionaria”. Identificando el centro de gravedad del enemigo para conseguir primero su colapso, antes que su destrucción física (“la estrategia de la hiena”).
Sin embargo, la experiencia comparada indica que los ejecutores de una “Guerra Asimétrica” no son invencibles. Pueden ser desarticulados y derrotados, pero sólo por medio de acciones coherentes y perseverantes, aunque adaptables, que incluyan a todas las agencias de un gobierno en particular y sus aliados internacionales; abarcando las esferas de la política, diplomacia, defensa, inteligencia, asuntos policíacos, medios de comunicación y la “batalla de las ideas”, junto al desarrollo económico y social, que otorga legitimidad. En buena cuenta, se vence revirtiendo los factores políticos, económicos, sociales y de seguridad, más vulnerables del Estado-Nación agredido.
En este panorama, donde el Perú -por su ubicación geoestratégica y otros motivos- es blanco de una “Guerra Asimétrica” ejecutada por curtidos y hostiles operadores de inteligencia foráneos; corresponde al jefe de Estado peruano, disponer, que de inmediato se concrete la potenciación y plena operatividad de los servicios de inteligencia (Dirección Nacional de Inteligencia y Dirección General de Inteligencia del Ministerio del Interior, entre otros), para que cumplan la misión de identificar, localizar y desarticular-capturar, a las redes de agentes extranjeros que operan en complicidad con grupos políticos y sociales violentistas nacionales, de la ultraizquierda y seudo-nacionalistas; quienes atentan contra la gobernabilidad, sistema democrático, seguridad nacional y objetivos nacionales del Perú.
Finalmente, una central de inteligencia eficiente, proporcionaría al Mandatario y sus ministros, correctas apreciaciones de inteligencia estratégica, indispensables para un planeamiento estratégico y operativo en el ámbito interno, mientras que con un análisis prospectivo, permitiría anticipar probables escenarios de conflicto, y distinguir entre la protesta legítima por falta de inclusión social, que demanda diálogo y soluciones viables pacíficas; y aquellos desbordes violentos (“insurgencia de masas”) gestados por anti-peruanos que forman parte de un plan destinado a crear las condiciones, para derrumbar el sistema democrático e instalar en el Perú, un gobierno afín al “Socialismo del siglo XXI”.
En Cuba se hace llamar Assata Shakur, llego a Cuba en 1984. Puede ser que sabemos donde vive, la pondremos bajo la lupa y en unos días les daremos lo que tengamos.
Dos Terroristas juntos en Cuba. Joanne Chesimard con otro terrorista Puertorriqueño Guillermo Morales Correa, el cual vive en 37 # 208 Apto 3N, Vedado, Ciudad Habana, muy cerca de la Plaza de la Roba Ilusión, su teléfono en su apartamento es 881-7419.
Es uno de tres edificios de Microbrigadas, en el de la UJC es donde Guillermo vive, le dicen en el barrio “El Cangrejo”, siempre camina con sus manos en los bolsillos, tiene como esposa una mujer blanca de pelo castaño claro, es muy bonita, y también sabemos que Guillermo nunca habla con nadie.
Foto se puede ampliar dando un click arriba de la foto.
37 # 208 Apto 3N, Vedado, Ciudad Habana, muy cerca de la Plaza de la Roba Ilusión, su teléfono en su apartamento es 881-7419.
El terrorista Guillermo Morales Correa en Cuba.
Guillermo Morales Correa no es la excepción. Nació en Nueva York, de ascendencia puertorriqueña. Ha estado vinculado a otros terroristas llamados nacionalistas que dicen luchar por la liberación de Puerto Rico. Fue miembro activo de una organización llamada Fuerzas Armadas de Liberación Nacional Puertorriqueña (FALN). En el año 1978 le explotó en sus manos un artefacto explosivo que lo dejó marcado para siempre. Perdió nueve dedos y medio y aún mantiene las marcas en su rostro dañado por la detonación. De no haber sido así, el explosivo hubiera matado a víctimas inocentes en el tan poblado .
Entre los años 70 y 80, la organización FALN tuvo como objetivos de sus actos terroristas los edificios públicos y comerciales en Nueva York y Chicago, y eventualmente están ligados a más de 125 bombas, una de las cuales mató a cuatro personas en la víspera de Navidad de 1975 en el edificio Frances Travern, cerca de Wall Street.
Morales Correa cuenta en una entrevista que le realizaron en el parque Lenin en las afueras de La Habana sus andares terroristas sin inmutarse siquiera. Una misteriosa fuga a los pocos meses de encerrado lo llevó nuevamente a sus tareas terroristas, viviendo en la clandestinidad, hasta que fuera contactado por los zapatistas en México, país adonde fue a parar hasta que fuera detectado por la llamada de un teléfono que el FBI tenía intervenido.
Según cuenta este connotado terrorista, estuvo cinco años en una cárcel de México, y que, gracias a una fuerte campaña por parte de puertorriqueños y mexicanos, fue liberado cuando el gobierno azteca entendió que era un “perseguido político”, y el 24 de junio de 1988 llegó a la sede del terrorismo en América, mi desafortunada Cuba.
Y ahí sigue viviendo este violento confeso que aún mantiene las marcas de las quemaduras de la explosión que provocó el artefacto que preparaba. Protegido por la dictadura militar que impera en la isla y ni siquiera sabemos a qué se dedica, que por cierto, a nada bueno será. El entrenamiento a cuanto terrorista entre a Cuba debe estar entre sus prioridades, porque a pesar de sus mutilaciones, su quimera la describe en la siguiente respuesta:
“No es tanto luchar contra el ALCA y el Fondo Monetario, es luchar contra el imperialismo. Es los pueblos cambiar esos gobiernos en la forma que sea necesaria. Pacíficamente no se van a ir, entonces, queda un solo camino. Todas esas izquierdas, si realmente quieren ver un cambio, si todos esos pueblos quieren un cambio, tienen que iniciar una revolución en esos países. Es la única forma”. “…Tu tienes que luchar para cambiar todo el sistema. Ponerlo patas pa’rriba e instalar el pueblo en el poder. Es lo único que se puede hacer”.
Para los que niegan que Cuba es morada de terroristas amparados por el vejete de Castro, ahí está Guillermo Morales Correa, como también otras tantas ratas que desandan por las alcantarillas de cualquier barrio, cualquier ciudad, o cualquier campo de una Cuba, que además de su pronta libertad, tendrá que barrer con esa plaga de fanáticos marxistas que están sumiendo a mi patria en un nido de delincuentes.
Fotos recientes de Joanne Chesimard, vive muy cerca de Ciudad Libertad, a dos cuadras.
Una de las personas que se comunicaba con Ana Belén Montes era el espia cubano Gustavo Ricardo Machín Gómez, pronto le voy apretar más las tuercas a este espía cubano, que se prepare, este señor fue el que manipulo las declaraciones de Aron Modig en la rueda de prensa organizada por la inteligencia cubana.
Ana Montes has been locked up for a decade with some of the most frightening women in America. Once a highly decorated U.S. intelligence analyst with a two-bedroom co-op in Cleveland Park, Montes today lives in a two-bunk cell in the highest-security women’s prison in the nation. Her neighbors have included a former homemaker who strangled a pregnant woman to get her baby, a longtime nurse who killed four patients with massive injections of adrenaline, and Lynette “Squeaky” Fromme, the Charles Manson groupie who tried to assassinate President Ford.
But hard time in the Lizzie Borden ward of a Texas prison hasn’t softened the former Defense Department wunderkind. Years after she was caught spying for Cuba, Montes remains defiant. “Prison is one of the last places I would have ever chosen to be in, but some things in life are worth going to prison for,” Montes writes in a 14-page handwritten letter to a relative. “Or worth doing and then killing yourself before you have to spend too much time in prison.”
Like Aldrich Ames and Robert Hanssen before her, Ana Montes blindsided the intelligence community with brazen acts of treason. By day, she was a buttoned-down GS-14 in a Defense Intelligence Agency cubicle. By night, she was on the clock for Fidel Castro, listening to coded messages over shortwave radio, passing encrypted files to handlers in crowded restaurants and slipping undetected into Cuba wearing a wig and clutching a phony passport.
Montes spied for 17 years, patiently, methodically. She passed along so many secrets about her colleagues — and the advanced eavesdropping platforms that American spooks had covertly installed in Cuba — that intelligence experts consider her among the most harmful spies in recent memory. But Montes, now 56, did not deceive just her nation and her colleagues. She also betrayed her brother Tito, an FBI special agent; her former boyfriend Roger Corneretto, an intelligence officer for the Pentagon specializing in Cuba; and her sister, Lucy, a 28-year veteran of the FBI who has won awards for helping to unmask Cuban spies.
In the days after the Sept. 11, 2001, terrorist attacks, the FBI’s Miami field office was on high alert. Most of the hijackers had spent time in South Florida, and FBI personnel there were desperate to learn whether any more had stayed behind. So when a supervisor asked Lucy Montes to come to his office, she didn’t blink. Lucy was a veteran FBI language analyst who translated wiretaps and other sensitive communications.
But this impromptu meeting had nothing to do with Sept. 11. An FBI squad leader sat Lucy down. Your sister, Ana, has been arrested for espionage, he informed her, and she could face the death penalty. Your sister, Ana, is a Cuban spy.
Lucy didn’t scream, didn’t storm out in disbelief. Instead, she found the news strangely reassuring. “I believed it right away,” she recalled in a recent interview. “It explained a lot of things.”
Major news organizations reported on the arrest, of course, but it was overshadowed by nonstop coverage of the terrorist attacks. Today, Ana Montes remains the most important spy you’ve never heard of.
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Ana Montes with her family at the FBI training facility at Quantico in 1989. From left, father Alberto, Ana, sister Lucy, then-sister-in-law Joan and brother Tito. (Photograph courtesy family)
Born on a U.S. Army base in 1957, Ana Montes is the eldest child of Emilia and Alberto Montes. Puerto Rico-born Alberto was a respected Army doctor, and the family moved frequently, from Germany to Kansas to Iowa. They settled in Towson, outside Baltimore, where Alberto developed a successful private psychiatric practice and Emilia became a leader in the local Puerto Rican community.
Ana thrived in Maryland. Slender, bookish and witty, she graduated with a 3.9 GPA from Loch Raven High School, where she noted in her senior yearbook that her favorite things included “summer, beaches … chocolate chip cookies, having a good time with fun people.” But the bubblegum sentimentality masked a growing emotional distance, grandiose feelings of superiority and a troubling family secret.
To outsiders, Alberto was a caring and well-educated father of four. But behind closed doors, he was short-tempered and bullied his children. Alberto “happened to believe that he had the right to beat his kids,” Ana would later tell CIA psychologists. “He was the king of the castle and demanded complete and total obedience.” The beatings started at 5, Lucy said. “My father had a violent temper,” she said. “We got it with the belt. When he got angry. Sure.”
Ana’s mother feared taking on her mercurial husband, but as the verbal and physical abuse persisted, she divorced him and gained custody of their children.
Ana was 15 when her parents separated, but the damage had been done. “Montes’s childhood made her intolerant of power differentials, led her to identify with the less powerful, and solidified her desire to retaliate against authoritarian figures,” the CIA wrote in a psychological profile of Montes labeled “Secret.” Her “arrested psychological development” and the abuse she suffered at the hands of a temperamental man she associated with the U.S. military “increased her vulnerability to recruitment by a foreign intelligence service,” adds the 10-page report. Lucy recalls that even as a teenager Ana was distant and judgmental. “We were only a year apart, but I have to tell you that I never really felt close to her,” Lucy said. “She wasn’t one that wanted to share things or talk about things.”
***
Ana Montes was a junior at the University of Virginia when she met a handsome student during a study-abroad program in Spain. He was from Argentina and a leftist, friends recall, and helped open Montes’s eyes to the U.S. government’s support of authoritarian regimes. Spain had become a hotbed of political radicalism, and the frequent anti-American protests offered a welcome diversion from schoolwork. “After every protest, Ana used to explain to me the ‘atrocities’ that the U.S.A. government used to do to other countries,” recalls Ana Colón, a fellow college student who befriended Montes in Spain in 1977 and now lives near Gaithersburg. “She was already so torn. She did not want to be American but was.”
After college, Montes moved briefly to Puerto Rico but could not find suitable work. When a friend told her about an opening as a clerk typist at the Department of Justice in Washington, she put her political considerations aside. A job was a job.
Montes excelled at the DOJ’s Office of Privacy and Information Appeals. Less than a year later, after an FBI background check, the Department of Justice granted Montes top-secret security clearance. She could now review some of the DOJ’s most sensitive files.
While holding down her day job, Montes began pursuing a master’s degree at the School of Advanced International Studies at Johns Hopkins University. Her political views hardened. Montes developed a hatred for the Reagan administration’s policies in Latin America and especially for U.S. support of the contras, the rebels fighting the communist Sandinista government in Nicaragua.
Montes was now a budding Washington bureaucrat and a full-time student at one of the country’s premier universities. But she was about to take on another demanding assignment: spy in training. In 1984, the Cuban-intelligence service recruited her as a full-blown agent.
Sources close to the case think that a friend at SAIS served as a facilitator for the Cubans, helping to identify potential spies. Cuba considers recruiting at American universities a “top priority,” according to former Cuban intelligence agent Jose Cohen, who wrote in an academic paper that the Cuban intelligence service identifies politically driven students at leading U.S. colleges who will “occupy positions of importance in the private sector and in the government.”
Montes must have seemed a godsend. She was a leftist with a soft spot for bullied nations. She was bilingual and had dazzled her DOJ supervisors with her ambition and smarts. But most important, she had top-secret security clearance and was on the inside. “I hadn’t thought about actually doing anything until I was propositioned,” Montes would later admit to investigators. The Cubans, she revealed, “tried to appeal to my conviction that what I was doing was right.”
CIA analysts interpret the recruitment a bit more darkly. Montes was manipulated into believing that Cuba desperately needed her help, “empowering her and stroking her narcissism,” the CIA wrote. The Cubans started slowly, asking for translations and bits of harmless intel that might assist the Sandinistas, her pet cause. “Her handlers, with her unwitting assistance, assessed her vulnerabilities and exploited her psychological needs, ideology, and personality pathology to recruit her and keep her motivated to work for Havana,” the CIA concluded.
Montes secretly visited Cuba in 1985 and then, as instructed, began applying for government positions that would grant her greater access to classified information. She accepted a job at the Defense Intelligence Agency, the Pentagon’s major producer of foreign military intelligence.
Montes, right, at a party in Madrid in 1977.
In an early mistake, Montes had confided to her old friend from Spain, Ana Colón, that she had visited Cuba and had had a fling with the cute guy who toured her around the island. Montes also revealed that she was about to take a DIA job. “I was dumbfounded,” Colón recalled. “I couldn’t understand why somebody with her leftist beliefs would be willing to work for the U.S.A. government and for the military.” Montes said she wanted to be part of the political action and was “an American girl, after all.” But days after the confession, Montes cut her girlfriend off. Colón called and wrote letter after letter for 2 1/2 years, to no avail. Montes wouldn’t engage. Colón never heard from Montes again.
Back in Miami, Lucy Montes also was puzzled by her sister’s decision to work for the Defense Department. But she loved her sister and was so eager to make a connection that she didn’t press the point. Ana had become more introverted and rigid in her views since joining DIA. “She would talk to me less and less about things that were going on with her,” Lucy said. Ironically, Ana now had much in common with her siblings. Although Juan Carlos, the baby of the family, had become a deli owner in Miami, Lucy and her other brother, Alberto “Tito” Montes, had chosen careers helping to protect the United States. Tito had become an FBI special agent in Atlanta, where he still works, and his wife was an FBI agent. Lucy had become an FBI Spanish-language analyst in Miami, a job she still holds, frequently working on cases involving Cubans. Her husband at the time worked for the FBI, too.
Of her family members, only Lucy would be interviewed. She agreed to talk for the first time — more than a decade after her sister’s arrest — to make her views on Ana clear. “I don’t feel the way that a lot of her friends seem to feel, like there’s a good excuse for what she did, or I can understand why she did it, or, you know, what this country did is wrong. There’s nothing to be admired,” Lucy said.
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For the next 16 years, Ana Montes excelled — in both Washington and Havana. Hired by the DIA as an entry-level research specialist, she was promoted again and again. Montes quickly became DIA’s principal analyst for El Salvador and Nicaragua, and later was named the DIA’s top political and military analyst for Cuba. In the intelligence community and at DIA headquarters, Montes became known as “the Queen of Cuba.” Not only was she one of the U.S. government’s shrewdest interpreters of Cuban military affairs — hardly surprising, given her inside knowledge — but she also proved adept at shaping (and often softening) U.S. policy toward the island nation.
Montes received a certificate of distinction from CIA Director George Tenet in 1997. (Courtesy Defense Intelligence Agency)
Over her meteoric career, Montes received cash bonuses and 10 special recognitions for her work, including a certificate of distinction that then-CIA Director George Tenet presented to her in 1997. The Cubans also awarded their star student with a medal, a private token of appreciation that Montes could never take home.
She became a model of efficiency, a warrior monk embedded deep within the bureaucracy. From cubicle C6-146A at DIA headquarters at Joint Base Anacostia-Bolling in Washington, she gained access to hundreds of thousands of classified documents, typically taking lunch at her desk absorbed in quiet memorization of page after page of the latest briefings. Colleagues recall that she could be playful and charming, especially with bosses or when trying to talk her way into a classified briefing. But she also could be arrogant and declined most social invitations.
Montes would clock out at DIA, then start her second job at her Macomb Street apartment in Cleveland Park. She never risked taking a document home. Instead, she fastidiously memorized by day and typed in the evenings, spewing whole documents into a Toshiba laptop. Night after night, she poured years’ worth of highly classified secrets onto cheap floppy disks bought at Radio Shack.
Her tradecraft was classic. In Havana, agents with the Cuban intelligence service taught Montes how to slip packages to agents innocuously, how to communicate safely in code and how to disappear if needed. They even taught Montes how to fake her way through a polygraph test. She later told investigators it involves the strategic tensing of the sphincter muscles. It’s unknown if the ploy worked, but Montes did pass a DIA-administered polygraph in 1994, after a decade of spying.
Montes got most of her orders the same way spies have since the Cold War: through numeric messages transmitted anonymously over shortwave radio. She would tune a Sony radio to AM frequency 7887 kHz, then wait for the “numbers station” broadcast to begin. A female voice would cut through the otherworldly static, declaring, “Atención! Atención!” then spew out 150 numbers into the night. “Tres-cero-uno-cero-siete, dos-cuatro-seis-dos-cuatro,” the voice would drone. Montes would key the digits into her computer, and a Cuban-installed decryption program would convert the numbers into Spanish-language text.
Montes also took the unusual risk of meeting the Cubans face-to-face. Every few weeks, she would dine with her handlers in D.C. area Chinese restaurants, where Montes would slide a fresh batch of encrypted diskettes past tiny dishes of Chinese delicacies. The clandestine handoffs also took place during Montes’s vacations, on sunny Caribbean islands.
Montes even traveled to Cuba four times for sessions with Cuba’s top intelligence officers. Twice, she used a phony Cuban passport and disguised herself in a wig, hop-scotching first to Europe to cover her tracks. Two other times she got Pentagon approval to visit Cuba on U.S. fact-finding missions. She would meet at the U.S. Interests Section in Havana during the day but slip away to brief her Cuban superiors.
Back in the States, when Montes needed to convey an urgent message, she reached for a pager. Montes would seek out pay phones at the National Zoo, the Friendship Heights Metro or by the old Hecht’s in Chevy Chase to call pager numbers controlled by the Cubans. One beeper code would mean “I’m in extreme danger”; another, “We have to meet.” Schooled in spycraft by the KGB, the Cubans relied on the storied tools of the trade. Montes’s pager codes and shortwave-radio notes, for example, were written on specially treated paper. “The frequencies and the cheat sheet for the numbers, that was all on water-soluble paper,” explained the FBI’s Pete Lapp, one of two top agents on the case. “You throw it in the toilet, and it evaporates.”
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Spying was lonely. Montes could confide only in her handlers. Family gatherings and holidays with her two FBI siblings and their FBI-employed spouses became tense affairs. At the beginning, the Cubans provided enough of a social life. “They were emotionally supportive. They understood my loneliness,” Montes told investigators. But as she turned 40, Montes became despondent. “I was finally ready to share my life with someone but was leading a double life, so I did not feel I could live happily,” she revealed. The Cubans set her up with a lover, but after a couple of days of fun, she realized she would not find happiness with a “mail order” groom.
Ana’s alienation only grew when, by strange coincidence, Lucy began working on the biggest case of her career: a massive crackdown on Cuban spies operating in the United States. It was 1998, and the Miami field office had uncovered a Cuban spy ring based in Florida, the so-called Wasp Network. More than a dozen members strong, the Wasp Network was infiltrating Cuban exile organizations and making inroads into U.S. military sites in Florida upon its capture. For Lucy, the Wasp case marked the crowning achievement of her career. The FBI had called on her to translate hours of wiretapped conversations of Cuban spies who were trying to penetrate the U.S. Southern Command base in Doral. Lucy earned praise from the FBI brass and an award from a local Latin chamber of commerce. But she never shared the news with Ana. Although Ana was one of the preeminent Cuba experts in the world and should have been ecstatic that her sister had helped expose a Cuban spy ring, Lucy was convinced Ana would just change the subject. “I knew she would have no interest in hearing about it or talking about it,” Lucy said.
But Lucy’s triumph became Ana’s despair. Ana’s handlers suddenly went dark. They refused to contact her for months as they assessed the fallout from the investigation. “Something that gave me fulfillment disappeared,” she later told investigators. Ana bottomed out. She experienced crying spells, panic attacks and insomnia. She sought psychiatric treatment and started taking antidepressants. CIA-led psychologists would later conclude that the isolation, lies and fear of capture had triggered borderline obsessive-compulsive traits. Montes began showering for long stretches with different soaps and wearing gloves when she drove her car. She strictly controlled her diet, at times eating only unseasoned boiled potatoes. At a birthday party at Lucy’s home in 1998, Ana sat stone-faced and barely spoke. “Some of my friends thought she was very rude, that there was something seriously odd with her. And there was. She was cut off from her handler,” Lucy said.
Inside the DIA, the star analyst remained above suspicion. Montes had succeeded beyond the Cubans’ wildest dreams. She was now briefing the Joint Chiefs of Staff, the National Security Council and even the president of Nicaragua about Cuban military capabilities. She helped draft a controversial Pentagon report stating that Cuba had a “limited capacity” to harm the United States and could pose a danger to U.S. citizens only “under some circumstances.” And she was about to earn yet another promotion, this time a prestigious fellowship with the National Intelligence Council. An advisory body to the director of central intelligence, the NIC was then at CIA headquarters in Langley. Montes was about to gain access to even more treasured information. Her spy career would have reached unfathomable heights, had it not been for a back-bench DIA employee named Scott Carmichael.
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DIA spy-hunter Scott Carmichael. (Photograph by Mike Morgan)
Round-faced and often stuffed uncomfortably in size 44 suits from Macy’s, Carmichael defies the stereotype of the sophisticated, Georgetown-trained mole hunter. He laughingly describes himself as “a Kmart security guard,” but for the past quarter-century the former cop from Wisconsin’s dairy belt has hunted spies for the DIA.
In September 2000, Carmichael got a hot lead. Veteran DIA counterintelligence analyst Chris Simmons had been approached by a female intelligence officer. She had risked her career to inform Simmons that the FBI had spent two years fruitlessly trying to identify a U.S. government employee who appeared to be spying for the Cubans. It was an “UNSUB” case, meaning a search for an unidentified subject. The FBI knew that the UNSUB had high-level access to U.S. intelligence on Cuba, had purchased a Toshiba laptop to communicate with Havana and a few other tidbits. But with so few details, the FBI investigation had stalled.
Carmichael got to work. He and his colleague Karl “Gator” James began inputting some of the FBI’s closely held clues into their employee databases. DIA workers surrender many of their privacy rights when applying for security clearances, and Carmichael had access to reams of personal financial records, medical histories and detailed travel itineraries. The computer search produced more than a hundred possible employee matches. After scanning through about 20 subjects, the name “Ana Belen Montes” popped onto Carmichael’s screen.
Carmichael knew her. Four years earlier, one of Montes’s fellow DIA analysts had squealed on her, troubled by her occasionally aggressive efforts to access sensitive information. Carmichael had even interviewed Montes and thought she had been lying. “I was left with this nagging doubt,” he recalls. But Montes had been able to explain away all her actions, and Carmichael had closed the case. Now the computer screen was blinking Montes’s name, and he was convinced she must be a spy. “I knew, I really knew it was her,” he said.
But the FBI was unimpressed. Lead agent Steve McCoy riddled holes in Carmichael’s thesis, pointing out that many other federal workers and contractors matched the same circumstantial shreds of evidence that had supposedly tied Montes to the case. And some of Carmichael’s evidence made no sense.
Carmichael conceded there were holes in his theory and reminded himself that Montes was a stellar employee. He also knew that few women have been prosecuted for espionage in America since the Cold War. Still, Carmichael was certain he was on the right track. As he walked out of the FBI that first day, he swore a pledge. “I can remember looking off, in the direction of the DIA and being so freakin’ pissed off,” Carmichael fumed years later. “I told Gator we’re going to war. I said, ‘We’re getting rid of that … woman, and these guys don’t know it yet, but they’re opening a case on her.’ ”
Carmichael built a dossier on Montes and began badgering McCoy with facts, dates and coincidences. He made excuses to stop by McCoy’s office to talk about Montes and fill in holes. And when he was ignored, he went over McCoy’s head.
After nine weeks, Carmichael’s relentless campaign paid off. McCoy was sold and persuaded headquarters to open a full investigation. “The bureau got really lucky when the DIA came to us with Montes as a suspect,” said Pete Lapp, McCoy’s partner on the case. Despite their differences, McCoy says Carmichael deserves a tremendous amount of credit for his tenacity: “He broke the case. He gave us our subject,” and “from that point on, the FBI made the case.”
Once the FBI was fully engaged, it assigned more than 50 people to work the investigation and won permission from a skeptical Foreign Intelligence Surveillance Court judge to conduct surreptitious searches of Montes’s apartment, car and office. FBI operatives tailed Montes and filmed her making suspicious calls on pay phones. Lapp used a national security letter, a form of administrative subpoena, to gain unfettered access to Montes’s credit records. Montes, he learned, had applied for a line of credit in 1996 at a CompUSA store in Alexandria. Her purchase? The same model of Toshiba laptop that the FBI had learned about from its original source when it began its UNSUB investigation. “It was awesome, it was awesome,” Lapp recalls. “This was regular old detective work.”
Still, no one had witnessed Montes meeting a Cuban, typing coded messages at work or stuffing anything classified into her pocketbook. For Lapp, then, there was a lot riding on the first sneak-and-peek of Montes’s apartment. He needed concrete proof that Montes was a spy. Yet he couldn’t risk tipping her off with a messy search. “There’s no bigger stress that I’ve had professionally than being in someone’s apartment, legally, with them not knowing it and having a chance to get caught,” said Lapp, a former police officer. “You’re being a cat burglar, legally, but you can get caught, and the entire case is blown.”
Adding urgency was Montes’s pending promotion to the CIA advisory council. Carmichael needed to quietly stall the assignment. With help from then-DIA director Vice Adm. Thomas Wilson, they concocted a simple ruse. At the next big staff meeting, someone would casually mention that a large number of DIA employees were on loan to outside agencies, a common practice. Wilson would explode and announce a total freeze on external assignments. The theatrics worked. Montes never knew that the agency-wide moratorium was designed just for her. Dozens of supervisors at other Washington agencies had called Wilson to complain, but the bogus temper tantrum kept Montes out of the CIA.
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Just as the FBI’s criminal case was building steam, Montes fell in love. She had begun dating Roger Corneretto, a senior intelligence officer who ran the Cuban intelligence program for SouthCom, the military installation the Wasp network had tried to infiltrate. Eight years her junior, Corneretto was attracted to Montes’s ambition, tight skirts and smarts.
Corneretto said that, at first, he enjoyed the challenge of trying to woo the DIA “ice queen.” “It took a long time for her to finally let me in, and when she did I realized that warmth and niceness were not going to come pouring out in a way to make up for how she was and for her inexplicable hostility to good people,” Corneretto recalled in a recent e-mail.
Corneretto is married now and still works for the Pentagon. He reluctantly agreed to discuss his ill-fated office romance. “As a close community we were all fooled, but on top of that, I was even dating her, so [my] sense of shame and guilt and failure and personal responsibility was indescribable,” he said. He calls Montes “an unapologetic, highly educated, volunteer thug for a police state” and declares that “she will never be off the hook with me.”
Despite her boyfriend’s obvious intel potential, investigators believe that Montes’s affections were real. She fantasized about starting a family and ditching her espionage career. But her handlers refused to let their top producer quit. “I’m a human being with needs that I couldn’t deny. I thought the Cubans would understand,” she later revealed to her debriefers. But spy agencies don’t work that way. “She naively believed that they would thank her for her assistance and allow her to stop spying for them,” the CIA commented in its analysis.
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FBI agents Steve McCoy, left, and Pete Lapp. (Photograph by Charlie Archambault)
On May 25, 2001, Lapp and a small team of black-bag specialists slipped inside Apartment 20. Montes was out of town with Corneretto, and the FBI searched her closets and laundry bins, paged through shelves of neatly stacked books and photographed personal papers. They spotted a cardboard box in the bedroom and carefully opened it. Inside was a Sony shortwave radio. Good start, Lapp thought. Next, techs found a Toshiba laptop. They copied the hard drive, shut down the computer and were gone.
Several days later, a secure fax machine at the Washington field office began churning out the translated contents of the hard drive. “That was kind of our eureka moment,” Lapp said.
The documents, which Montes had tried to delete, included instructions on how to translate numbers-station broadcasts and other Spy 101 tips. One file mentioned the true last name of a U.S. intelligence officer who had been operating undercover in Cuba. Montes had revealed the agent’s identity to the Cubans, and her Cuban intelligence officer thanked her by noting, “We were waiting here for him with open arms.”
But the FBI needed more. It wanted the crypto codes that it was certain Montes carried in her purse. It fell to Carmichael to design a plan so Montes would abandon her pocketbook in her office. As described in Carmichael’s 2007 book, “True Believer,” the elaborate stunt included a bogus software glitch and a phony invitation to speak at a meeting just one floor away. The conference-room location was close enough Montes might not bring her pocketbook, and the meeting was kept short enough that she wouldn’t need her purse to buy lunch afterward.
On the day, two IT geeks huddled by Montes’s cubicle to investigate an annoying new computer malfunction. One of them happened to be FBI Special Agent Steve McCoy. When her colleagues weren’t looking, McCoy tossed Montes’s pocketbook into his toolbox and slipped off. The FBI quickly copied the contents and returned the pocketbook. Inside her purse were pager warning codes and a phone number (area code 917) later traced to Cuban intelligence.
Without any eyes-on evidence of a dead drop of classified documents, though, the FBI worried that Montes would be able to plea-bargain her way out of trouble. But they were out of time. Hijacked planes had just slammed into the Pentagon and the World Trade Center, and overnight the DIA was on a war footing. Montes was named an acting division chief, based on her seniority. Making matters worse, DIA supervisors who were ignorant of the investigation had selected Montes as a team leader to process target lists for Afghanistan. Wilson, the DIA director, had demanded strict operational security regarding Montes. But now he wanted her out of the way. Cuba had a long history of selling secrets to the United States’ enemies. If Montes obtained the Pentagon’s war plan for Afghanistan, DIA officials worried, the Cubans would eagerly pass the information to the Taliban.
Carmichael came up with one final deception. On Sept. 21, 2001, a DIA supervisor called Montes with an urgent request from the DIA inspector general’s office to help deal with an infraction by one of her subordinates.
Moments later, Montes appeared in the inspector general’s office and was ushered into a conference room, where McCoy and Lapp were waiting for her. McCoy played good cop, suggesting vaguely that a technical source or an informant had led them to her. Montes went pale and stared ahead, blankly. McCoy soft-pedaled her culpability, hoping she might try to offer innocent rationales for unauthorized contacts with Cuban officials. But when Montes asked if she was under investigation and requested a lawyer, the charade ended. “I’m sorry to tell you, but you are under arrest for conspiracy to commit espionage,” McCoy announced. Lapp slapped on the handcuffs, and they escorted Montes out of the DIA for the last time.
A nurse, oxygen tanks and a wheelchair had been positioned in the wings, but the Queen of Cuba didn’t need any help. “We figured she would just kind of collapse, be a wreck,” Lapp said. “And I think she could have just carried both of us out on her back. She walked out that calm — I won’t say ‘proud’ — but with that kind of composure.”
Later that day, an FBI evidence team scoured Montes’s apartment for hours. Hidden in the lining of a notebook they found the handwritten cipher Montes used to encrypt and decrypt messages, scribbled shortwave radio frequencies and the address of a museum in Puerto Vallarta, Mexico, where she was meant to run in an emergency. The crib sheets were written on water-soluble disappearing paper.
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For Lucy Montes, Ana’s arrest was humiliating. She and Tito had worried they would lose their FBI jobs, and the anger kept coming in waves. But for nearly a decade, Lucy saw little point in piling on against Ana. “I thought it was better to be a sister and not a judge and jury,” Lucy said.
But in late 2010, Ana went too far. From her Texas prison cell, she wrote an angry letter suggesting that Lucy should see a psychologist to deal with her latent rage. The hypocrisy was too much. “I thought now would be a good time for me to tell you exactly what I think about you,” Lucy replied on Nov. 6, 2010, in a two-page letter she shared with this reporter. “I never told you before because … it seemed a cruel thing to do since you were in prison. But you need to know what you’ve done to all of us.”
Lucy began by invoking their beloved mother, Emilia. “You should know you ruined Mom’s life. Every morning she wakes up devastated by what you did and where you are,” Lucy wrote. It’s not enough, Lucy added, that Mom “was married to a violent man for 16 years and raised four children by herself. No, you had to ruin her final years when she should be living in peace and contentment.”
Then she turned to the rest of Ana’s inner circle. “You betrayed your family, you betrayed all your friends. Everyone who loves you was betrayed by you,” Lucy wrote. “You betrayed your co-workers and your employer, and you betrayed your nation. You worked for an evil megalomaniac who shares or sells our secrets to our enemies.”
Finally, Lucy tore down Ana’s tired rationalizations. “Why did you really do what you did? Because it made you feel powerful. Yes, Ana, you wanted to feel powerful. You’re no altruist, it wasn’t the ‘greater good’ you were concerned for, it was yourself. You needed power over other people,” Lucy concluded. “You are a coward.”
In interviews, Lucy refuses to make excuses for her sister. While her late father did have a frightening temper, Lucy also remembers him as a compassionate man with solid values. “We all grew up in the same household, we all had the same parents, so you can’t blame everything on what happened at home,” Lucy said. “If there’s one thing my father taught us, it’s respect for the law and authority. It never even entered my mind that my sister would be capable of such a thing, because we weren’t raised that way.”
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Ana Montes lives today at the Federal Medical Center Carswell in Fort Worth, in a 20-inmate unit reserved for the nation’s most dangerous female offenders. She could have been charged with treason, a capital offense, but pleaded guilty to espionage in exchange for a 25-year sentence. She still has another decade to go. “Apparently it’s pretty horrific in there for her,” Lucy says. “She says it’s like being in an insane asylum.”
U.S. military and intelligence agencies spent years assessing the fallout from Montes’s crimes. At a congressional hearing last year, the woman in charge of the damage assessment testified that Montes was “one of the most damaging spies in U.S. history.” Former National Counterintelligence Executive Michelle Van Cleave told Congress that Montes “compromised all Cuban-focused collection programs” used to eavesdrop on high-ranking Cubans, and it “is also likely that the information she passed contributed to the death and injury of American and pro-American forces in Latin America.”
Strict prison rules bar Montes from talking to the media and all but a few friends and relatives. But in her private correspondence, she refuses to apologize. Spying was justified, she says, because the United States “has done some things that are terribly cruel and unfair” to the Cuban government. “I owe allegiance to principles and not to any one country or government or person,” Montes writes in one letter to a teenage nephew. “I don’t owe allegiance to the US or to Cuba or to Obama or to the Castro brothers or even to God.”
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Lucy Montes knows all about allegiance. When Ana walks out of prison on July 1, 2023, Lucy will be waiting. She has offered to let Ana live in her home for a few months, to get settled. “There’s nothing acceptable about what she did. On the other hand I don’t feel like I can turn my back on her, because she’s my sister.”