La vida oculta de Fidel Castro/Juan Reinaldo Sánchez

La vida oculta de Fidel Castro/Juan Reinaldo Sánchez

La fortuna del monarca

¿Fidel Castro es pudiente? ¿Posee una fortuna oculta? ¿Dispone de una cuenta secreta en un paraíso fiscal? ¿Nada en oro? A menudo me han formulado esas preguntas. En 2006 la revista estadounidense Forbes intentó contestarlas publicando un artículo dedicado a las fortunas de los reyes, reinas y dictadores del planeta. Colocaba la de Fidel entre las diez primeras, al lado de las de Isabel II, el príncipe Alberto de Mónaco y el dictador guineano Teodoro Obiang. Avanzaba la cifra de novecientos millones de dólares a partir de una extrapolación: la revista había atribuido a Fidel Castro una parte de la cifra de negocios de empresas creadas y controladas por el Comandante (Corporación Cimex, el Centro de Convenciones y Medicuba), donde ha colocado a allegados que sujetan por él los cordones de la bolsa. Basándose en testimonios de numerosos altos funcionarios cubanos que desertaron, la revista afirmaba que Fidel malversaba y utilizaba una parte nada desdeñable de la riqueza nacional a su antojo. Lo cual no es falso. Y si bien la metodología de Forbes era aproximativa, la tónica era la adecuada…

La publicación estadounidense logró enfurecer al Comandante, quien pocos días después respondió a tan «infames calumnias». Afirmó que no poseía nada más que sus novecientos pesos de salario mensual, es decir, veinticinco euros. Lo cual resulta de lo más cómico cuando conoces la realidad de su tren de vida cotidiano, y cuando has visto año tras año a los dirigentes de las empresas del Estado seguir las instrucciones y rendir cuentas al Líder Máximo (quien lo decide todo), ya sea directamente o por mediación de sus dos ayudantes, Pepín Naranjo, su edecán, y Chomy, el secretario del Consejo de Estado (es decir, su secretario particular, puesto que Fidel preside la institución).

Nadie podrá jamás evaluar con precisión la fortuna del Comandante. Sin embargo, para acercarnos a la verdad, es preciso comprender antes la realidad cubana, partiendo del hecho de que Fidel Castro reina como monarca absoluto sobre su isla de once millones de habitantes. En Cuba, es la única persona que puede disponer de todo, apropiárselo, venderlo o darlo. Sólo él puede autorizar, de un plumazo, la creación (o el cierre) de una empresa del Estado, en la isla o en el extranjero. Reunidas en conglomerados, todas las sociedades nacionales son administradas como empresas privadas y colocadas bajo el control de tres instituciones principales: el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR, dirigido por su hermano Raúl hasta 2008), el Ministerio del Interior (MININT, estrechamente vigilado por Fidel) o el Consejo de Estado (presidido por él). Es Fidel quien nombra a los responsables y los revoca. De hecho, tal modelo de funcionamiento convierte a Fidel en el súper presidente y director general del «holding Cuba», cuyo organigrama concibió. ¡Cuántas veces lo habré oído, en su despacho, transmitir directrices económicas a Pepín, a Chomy o incluso a Abrantes, el ministro del Interior, relacionadas con la venta de tal activo o la creación de tal empresa fantasma en Panamá (con el fin de burlar el embargo estadounidense)!

Cuba es la «cosa» de Fidel. Es su dueño y señor, a la manera de un terrateniente del siglo XIX. Todo sucede como si él hubiera transformado y ampliado la hacienda de su padre para hacer de Cuba una única hacienda de once millones de personas. Dispone de la mano de obra nacional a su capricho. Por ejemplo, cuando la Universidad de Medicina forma médicos, no es para que éstos ejerzan libremente su profesión, sino para que se conviertan en «misioneros» enviados bajo sus órdenes a chabolas de África, Venezuela o Brasil, conforme a la política internacionalista imaginada, decidida e impuesta por el jefe del Estado. Ahora bien, si están de misión en el extranjero, estos buenos samaritanos no perciben más que una parte del salario que debería pagarles el país de acogida, pues la parte más importante revierte al Gobierno cubano, que hace las veces de prestador de servicios. Del mismo modo, los hoteleros extranjeros, franceses, españoles o italianos, que contratan a personal cubano en la isla no retribuyen directamente a sus empleados, como es el caso en cualquier sociedad libre: pagan los salarios al Estado cubano, que factura dicha mano de obra a precio de oro (y en divisas), antes de entregar una ínfima parte a los trabajadores en cuestión (en pesos cubanos, que no valen casi nada). Esta variante moderna de la esclavitud no deja de recordar la relación de dependencia que existía en las plantaciones del siglo XIX respecto del amo todopoderoso. Por lo demás, se halla en absoluta contradicción con los principios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los cuales estipulan textualmente que «todo trabajador tiene derecho a percibir un salario sin la intervención de un intermediario».

Para librarse de todo control, Fidel, que está por encima de las leyes, creó hace mucho (en los años sesenta) la famosa «reserva del Comandante». Se trata de una cuenta particular constituida con fondos especiales extraídos de la actividad económica nacional. Destinada al uso exclusivo del Comandante, escapa a toda comprobación. Fidel la utiliza a discreción. Casi sagrada, la reserva del Comandante es intocable. Por supuesto, Fidel explica que las necesidades de la Revolución, es decir, la amenaza de una agresión imperialista, imponen este tipo de gestión poco ortodoxo. En realidad, la reserva sirve tanto para los intereses privados de Fidel Castro como para la acción pública. Es la paga que le permite vivir como un rey sin preocuparse jamás de los gastos. Pero también es la que lo autoriza a mostrarse magnánimo cual gran señor cuando se desplaza por «sus» tierras, a través de «su» isla. En efecto, Fidel puede echar mano en todo momento de su hucha para ordenar construir un dispensario, una escuela, una carretera, o para atribuir vehículos a determinado municipio (porque la reserva comprende también un parque automovilístico) sin pasar por un ministerio o una administración. Basta con que el benefactor se vuelva hacia su edecán y le indique una cantidad para que el proyecto se convierta en realidad…, y para que Fidel pase por ser un hacedor de milagros. Es decir, un populista.

Sin embargo, su relación con el dinero no es de la misma naturaleza que la de los nuevos ricos, como el italiano Silvio Berlusconi o el expresidente argentino Carlos Menem, tan propensos al lujo, el consumismo y los placeres inmediatos. Cierto es que el austero Fidel Castro no descuida su propia comodidad. Cierto es que el Líder Máximo posee (en secreto) un yate de casi treinta metros. Pero no experimenta el deseo de sustituirlo por un modelo último grito, más moderno, más vistoso. Para él, la riqueza constituye ante todo un instrumento de poder, de supervivencia política, de protección personal. A este respecto, conociendo su carácter precavido y su mentalidad de viejo campesino español, resulta inimaginable que no haya tomado medidas y protegido sus espaldas (como hacen todos los dictadores), por si él y su familia tuvieran que huir de Cuba e instalarse en el extranjero, por ejemplo en Galicia, la tierra natal de su padre. Por otra parte, un día, Dalia, su mujer, me dijo como de pasada: «No te preocupes, Sánchez, el futuro de la familia está asegurado». Al ser considerada un instrumento de la Revolución, en la cumbre del poder la reserva no se contempla como un tema tabú. Se habla de ella con normalidad, sin perífrasis, en presencia de Fidel o en boca de éste. No constituye un secreto de Estado. Lo que sí lo es, en cambio, es la cuantía de la reserva. Desde que existe, es decir, desde los años sesenta, se reflota de manera constante, a medida que el Comandante hace uso de ella. Cuando Cuba dependía de las subvenciones procedentes de la URSS, era frecuente oír a Fidel decir a Chomy, su secretario particular, que extrajera de dichas subvenciones un importe de x millones de dólares (porque la unidad de cuenta de Fidel es el dólar) y los ingresara en la reserva. Del mismo modo, el Líder Máximo podía disponer del petróleo soviético como le viniera en gana: donar una parte a Nicaragua o vender otra en el mercado negro para generar liquidez. Con el oro negro venezolano cedido por Hugo Chávez a precio de amigo estoy seguro de que ese modo de gestión a discreción ha perdurado.

Diversas fuentes alimentan ese fondo especial, empezando por las empresas colocadas bajo la tutela del Consejo de Estado (dirigido por Fidel), como indicaba la revista estadounidense Forbes en 2006. Entre éstas: la Corporación Cimex (bancos, construcción inmobiliaria, alquiler de vehículos, etc.), Cubalese (empresa disuelta en 2009, que proporcionaba a embajadas y empresas extranjeras servicios como el alquiler de mano de obra cubana o alojamientos) o incluso el Palacio de Convenciones, creado en 1979 para acoger la 6.ª cumbre de los No Alineados y dirigido por el fiel Abraham Maciques. Un día en que éste recibió a Fidel ante dicho centro de convenciones, a mediados de los años ochenta, lo vi entregarnos una bolsa de viaje que contenía un millón de dólares en efectivo. Como siempre, fue el edecán Pepín Naranjo el encargado de trasladar y consignar la cantidad en la reserva. Otro día, también a mediados de los años ochenta, fue el ministro del Interior José Abrantes quien entró en el despacho de Fidel con una maleta llena de billetes y pronunció la expresión consagrada: «¡Comandante, esto es para la Revolución!». Fidel se limitó a contestar «Muy bien» y se volvió hacia Pepín para decirle que lo ingresara en la reserva.

Sé que el director de la Banca Nacional, Héctor Rodríguez Llompart, era el consejero económico de Fidel, pero desconozco los circuitos financieros y si existen cuentas en el extranjero (en mi opinión, tal sería el caso). Una cosa es cierta, no obstante: a Fidel nunca le ha faltado dinero en metálico. Pude constatarlo, por ejemplo, en Harare (Zimbabue), cuando me confiaron una maleta con doscientos cincuenta mil dólares en metálico para preparar la llegada del jefe del Estado cubano.

Entre los episodios más divertidos de que he sido testigo se encuentra éste: en cierta ocasión, oí a Fidel decir a Pepín y a Chomy que parte de los fondos de la reserva servirían para prestar dinero a la Banca Nacional, dirigida por Llompart. Ahora bien, ese par, Llompart y Fidel, habían fijado las tasas de interés en el 10 %. Dicho de otro modo, el Comandante iba a prestar un dinero que no le pertenecía al país que gobernaba, mediante la banca cuyas tasas de interés fijaba él, ¡y a embolsarse de paso el 10 % de los beneficios!

A la hora de alimentar la reserva, Fidel no escatima los medios. A tal efecto, es capaz de comportarse como un jefe de pyme. Así, ha contribuido con su flota de la Caleta del Rosario, su puerto deportivo particular, donde, además de su yate Aquarama II, posee dos barcos de pesca llamados Purrial de Vicana I y II, uno de cuyos capitanes se llama Emilio. Tras sus salidas al mar, sus capturas son enviadas a las unidades de congelación del puerto de La Habana y a la Unidad 160 (la plataforma logística de la escolta de Fidel). Estas capturas no se destinan al consumo de la familia Castro, que no come pescado congelado: se venden en uno de los mercados de alimentación más importantes de La Habana, el Super Mercado, situado en la esquina de la Tercera Avenida y la calle 70 del barrio de Miramar. Del mismo modo que un grano no hace granero pero ayuda al compañero, una unidad de producción de pavos y una granja de cría de corderos coadyuvan al mismo propósito: aumentar la reserva. A lo que cabe añadir los negocios emprendidos en Luanda durante la guerra de Angola en el kandonga, el famoso mercado negro angoleño, donde los cubanos fueron hiperactivos a lo largo de quince años. Cosa que también permitió incrementar la reserva del Comandante.

En el momento de la aparición del artículo en Forbes, el historiador Eusebio Leal, muy cercano a Fidel, había salido a la palestra para defender la reputación del Comandante. Como prueba del altruismo del Líder Máximo, reveló que en los años noventa éste le encargó distribuir entre los museos y los centros culturales 11.687 obsequios recibidos por él, entre los que había cuadros, joyas, objetos de marfil y valiosos tapices procedentes de ciento treinta y tres países. Puede que sea cierto. Pero no demuestra nada. Porque en lo que a mí respecta, bien que vi los diamantes de contrabando en el despacho de Fidel. Originarios de Angola, habían sido enviados por Patricio de la Guardia y Arnaldo Ochoa, jefe de la misión del MININT y jefe de la misión militar cubana, respectivamente, en ese país africano sumido en la guerra. Eran diamantes de pequeño tamaño, guardados en una caja de puros Cohiba. Chomy, el secretario, y Pepín, el edecán, se los iban pasando de mano en mano en presencia de Fidel, su médico personal, Eugenio Selman, y yo. Todavía recuerdo su diálogo.

—Bien, Pepín, ya sabes lo que hay que hacer. Los vendes en el mercado internacional…

—Sí, Comandante —respondió el edecán, convertido de repente en experto en gemología—. Pero ya sabe que el valor de estas piedras no será demasiado elevado, porque son pequeñas… Bien, en todo caso algo han de valer, porque su tamaño será apreciado en joyería.

En lo tocante a los negocios, Fidel tiene en ocasiones la mentalidad de un pirata del Caribe. Situarse fuera de la ley, navegar en la informalidad, practicar el contrabando no le plantea ningún problema, puesto que las circunstancias lo exigen y su postura de resistencia ante el embargo estadounidense lo autoriza todo. Por otra parte, contrariamente a lo que él afirma, siempre ha estado al corriente de todas las actividades ilícitas (incluido el tráfico de drogas en los años ochenta) concebidas y llevadas a la práctica por Patricio de la Guardia y Arnaldo Ochoa, quienes, en el seno del Departamento MC (Moneda Convertible), se esforzaban por hacer acopio de divisas sin importarles los medios, con el fin de apoyar a la Revolución. Del mismo modo, Fidel estaba al corriente de las actividades paralelas del ministro del Interior José Abrantes, quien ordenaba fabricar falsos tejanos Levi’s en talleres clandestinos (donde trabajaban prisioneros cubanos) y traficaba con Chivas Regal adulterado para comercializarlo en el mercado negro de Panamá. Y siempre con la misma finalidad: irrigar la «reserva del Comandante en Jefe».

Todas estas operaciones comerciales las conozco porque Fidel y su entorno hablaron de ello en mi presencia durante diecisiete años seguidos, y porque Pepín y Chomy, con los que yo colaboraba estrechamente a diario, rendían cuentas con regularidad al Comandante en Jefe sobre el particular, sin recelar de mi presencia porque, ciertamente, por entonces yo pertenecía al círculo más íntimo del Jefe.

En cualquier caso, el «golpe» más logrado de Fidel fue tal vez ordenar, en 1980, la reactivación temporal de la mina de oro de la Dolita, en la isla de la Juventud, la gran isla en forma de torta situada al sur de las costas cubanas. Después de haber agotado el filón, los españoles la habían cerrado definitivamente en tiempos de la colonia. Sin embargo, tras enterarse de que la cotización mundial del oro conocía un boom, a Fidel se le metió en la cabeza comprobar si por ventura los equipos modernos permitirían extraer de la Dolita un poco de mineral residual que se hubiera pasado por alto. Su intuición fue certera: se recogieron entre sesenta y setenta kilos de oro, que se fundieron en lingotes. Los vi con mis propios ojos cuando fueron trasladados al palacio para mostrárselos a Fidel. Pepín me pidió que los ayudara a transportarlos en una carretilla, por eso pude calcular el peso: un solo hombre no podía levantar todo aquel metal de una vez. No me tomé la molestia de preguntar para qué iba a servir el botín, ni cuál era su destino: ya conocía la respuesta…

Como resulta imposible evaluar la fortuna de Fidel Castro, al menos se puede intentar calcular su patrimonio. En un país donde no existe mercado inmobiliario, es difícil tasar la inmensa propiedad de Punto Cero (con su piscina, su parque arbolado y sus invernaderos) o la isla paradisíaca de Cayo Piedra. Estos bienes excepcionales no dejan de poseer un valor intrínseco, que sería fácil comparar con sus equivalentes en el mercado del lujo, muy cotizados en el mar de las Antillas, las Bahamas, Granada o Antigua. Así, la isla privada de Cayo Piedra valdría, como mínimo, entre dos y diez millones de dólares.

Ahora bien, el patrimonio de Fidel no se limita a esas dos residencias principales. A ellas hay que sumar docenas de otras. Para ceñirme a una evaluación rigurosa, objetiva y minimalista, me limitaré a la veintena de casas al servicio exclusivo del Comandante, que conozco por haberlas pisado y visto con mis propios ojos, sin tener en cuenta otras viviendas que podrían pasar por alojamientos oficiales.

Pasaremos revista a esa cartera inmobiliaria, región por región, de oeste a este de la isla. En la provincia de Pinar del Río, en el extremo occidental de Cuba, posee tres bienes: la casa del Americano (con piscina al aire libre), la granja de la Tranquilidad, en el paraje llamado Mil Cumbres (muy poco frecuentada por Fidel; yo sólo fui dos veces), y La Deseada, un pabellón de caza que conocí bien, situado en una zona pantanosa y donde caza patos en invierno.

En La Habana, el Comandante (aparte de la propiedad de Punto Cero), tiene seis eventuales residencias: la casa de Cojímar, que fue su primera vivienda tras el triunfo de la revolución, en 1959; la de la calle 160, en el distrito de La Playa, bastante lujosa; una tercera reservada a sus citas galantes: la casa de Carbonell, situada en el recinto de la Unidad 160; una adorable casita en Santa María del Mar, estilo años cincuenta, encarada al mar y al lado del hotel Trópico (en el municipio de La Habana del Este), y por último, las dos casas provistas de refugios antiaéreos para la familia Castro en caso de guerra: la casa de Punta Brava (donde Dalia vivió en 1961 antes de convivir con Fidel) y la casa del gallego, muy cerca de la Unidad 160.

En la provincia de Matanzas, posee dos residencias de verano en los litorales norte y sur: en el norte, una casa situada en el corazón de la estación turística de Varadero, muy apreciada por los hijos que ha tenido con Dalia porque da a la playa; y en el sur, La Caleta del Rosario (en la bahía de Cochinos), donde una marina sirve de puerto de amarre para el yate Aquarama II y el resto de la flotilla privada del Comandante. Más al este, en la provincia de Ciego de Ávila, otra casa da a la arena fina: es la de la Isla de Turiguanó, cerca del centro turístico Cayo Coco, muy apreciado por buceadores de todo el mundo, en la costa septentrional de Cuba.

En la provincia de Camagüey, siempre más al este, se encuentra la pequeña hacienda de San Cayetano, la cual, aunque Fidel no monta a caballo, posee un picadero exterior (conocido como «palestra» en el mundo de la equitación). Otra vivienda, llamada Tabayito, siempre en Camagüey, queda oculta en el interior de un complejo que alberga otras viviendas reservadas a los miembros de la nomenklatura. Por último, conozco otra propiedad llamada Guardalavaca, en la provincia de Holguín, y dos residencias en Santiago de Cuba, la gran ciudad situada en la parte oriental de la isla: una casa en la calle Manduley (con dos pisos y una bolera) y otra, con piscina, en el interior de un complejo perteneciente al Ministerio del Interior.

No estoy seguro de que el presidente de Estados Unidos disponga de un patrimonio inmobiliario tan surtido. No obstante, cualquiera que sea la respuesta a este interrogante, Fidel jura y perjura, y te pide que lo creas, que sólo gana novecientos pesos al mes…

 

Cuantos espías cubanos participaron en las reuniones migratorias de Cuba-EEUU de Enero 21 del 2015.

Estas reuniones migratorias entre los dos países deben llamarse, reuniones EEUU y y el departamento  M I (EEUU y Canadá) de la Inteligencia cubana.

Muy pronto todos los detalles en este Blog, algo que no podrán leer en El Nuevo Herald, porque los periodistas que escriben en ese periódico sobre Cuba, o no saben o le tienen miedo a la dictadura cubana. Hay mucho más que Gustavo Ricardo Machín Gómez y Josefina de la Caridad Vidal Ferreiro.

Luis Domínguez.

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El hombre que le plantó cara a Fidel Castro

Tomado de: http://vozdesdeeldestierro.juancarlosherreraacosta.over-blog.es/2015/01/el-hombre-que-le-planto-cara-a-fidel-castro.html

Juan Pablo de Lojendio, era embajador de España en La Habana, el 20 de enero de 1960, cuando, en la televisión, Fidel Castro acusó a su embajada, sin pruebas, de realizar “conspiraciones fascistas y contrarrevolucionarias”

POR: 

La Habana/ 20-1-2015

Fue la primera y última vez en su historia de medio siglo como dictador, que alguien le plantó cara a Fidel Castro en Cuba, al menos públicamente. Ocurrió el 20 de enero de 1960, hace hoy 55 años, y por más tediosas que resulten las celebraciones de aniversarios con fecha cerrada, cedemos al desliz de dedicarle unas líneas, quizá no tanto por el hecho en sí como por el sonrojo que nos ocasiona constatar que esa única vez debió ser protagonizada por un extranjero.

El diplomático vasco Juan Pablo de Lojendio, llamado marqués de Lojendio, era embajador de España en La Habana la noche de aquel 20 de enero, cuando, en un programa en vivo de la televisión, Fidel Castro despotricó contra su embajada, acusándola, sin pruebas, de realizar “conspiraciones fascistas y contrarrevolucionarias”. Ni corto ni perezoso, Lojendio, convaleciente de una muy recién operación quirúrgica, se personó en el estudio de tv e interrumpió el programa para espetarle a Castro que estaba mintiendo y que le exigía una retractación.

Una crónica publicada por El País, ha dejado memoria del acontecimiento, según el testimonio de Enrique Trueba, antiguo presidente del Centro Cubano de España: “En mitad del programa -que se hacía en directo con presencia de público y en el que, junto a Castro, intervenían un moderador y tres periodistas- apareció en los estudios el embajador de España”. Según el relato de Trueba, Lojendio dijo al moderador: “Un momento, por favor. Vengo a rebatir las acusaciones que se hacen contra la Embajada de España”. El moderador le indicó que tenía que pedir permiso al primer ministro, Fidel Castro, a lo que contestó Lojendio. “Esto es una democracia, y el señor moderador es el que dirige”.

Por supuesto que aquella “tamborrada cubana” (así la califica El País) le costó a Lojendio su puesto como embajador en La Habana, de donde debió marcharse, expulsado, antes de las 24 horas que siguieron al acto. Pero ya lo suyo estaba hecho. Había provocado el primer indicio público del autoritarismo dictatorial de Fidel Castro, así como de su retorcida tendencia a la manipulación informativa.

Pronto, aquel suceso evidenciaría además la hasta entonces secreta empatía entre Castro y el dictador español Francisco Franco, quien, a pesar del grosero irrespeto sufrido por su embajador en la Isla, se negó a darle a su homólogo cubano la debida respuesta. El propio diario El País publicó una entrevista con Castro, en 1985, donde éste reconoce literalmente: “Franco no se portó mal, hay que reconocerlo. Pese a las presiones que tuvo, no rompió las relaciones diplomáticas y comerciales con nosotros. No tocar a Cuba fue su frase terminante…”.
Fidel Castro tampoco se portaría mal con Franco. Hasta el punto que cuando éste murió, siendo uno de los dictadores más aborrecibles que ha dado Europa, en Cuba fue decretado duelo oficial de tres días, con bandera a media asta y todo.

Lojendio, en cambio, no iba a ser premiado por Franco, con todo y su impetuosa defensa de los intereses españoles. Aunque (marqués al fin y al cabo) tampoco fue castigado. Simplemente pasaría a ocupar nueva plaza como embajador en la capital de Suiza, donde no existía el menor peligro de que le plantase cara a un tirano. Por cierto, en el momento de su enfrentamiento público con Castro, él figuraba como miembro de honor del Instituto de Cultura Hispánica y académico correspondiente de la Academia Cubana de la Lengua, un dato que también nos hace sentir vergüenza ajena, toda vez que nos remite a la actitud servil y timorata de tantos intelectuales, artistas y académicos del patío.

A Fidel Castro, por su lado, jamás volverían a plantarle cara en Cuba, en medio siglo, que se dice fácil.

Fuente: Cubanet.org

EXCLUSIVE: Senior Cuban Spies Leading “Normalization” Talks With US

Tomado de: https://cubaconfidential.wordpress.com/2015/01/20/exclusive-senior-cuban-spies-leading-normalization-talks-with-us/

Josefina Vidal Expected Choice as Cuban Ambassador to US

Gustavo Machin

Josefina Vidal

By Chris Simmons

Two career Cuban spies, Josefina Vidal Ferreiro and Gustavo Machin Gomez, will lead this week’s migration and normalization discussions with the United States. The pair are members of Cuba’s primary foreign intelligence service – the Directorate of Intelligence (DI), and serve as Director and Deputy Director, respectively, of the North American Division in the Ministry of Foreign Affairs (MINREX).  This is Machin’s second time in the Division, having served as Deputy Chief in 2003 and Division Chief from 2004-2005.

As Havana’s lead “diplomats” on U.S.-Cuban relations, they handled the Alan Gross negations, the return of three of Havana’s jailed spies, and the artificial insemination of DI officer Adriana Perez O’Connor (wife of freed spy Gerardo Hernandez). Perez was a member of the Wasp Network – the largest Cuban spy ring ever known to operate in the US, but after her husband’s arrest, was allowed to return to Havana in a humanitarian gesture. Incidentally, when details are eventually released regarding the Obama administration’s secret talks to restore US-Cuba relations, Vidal and Machin will undoubtedly be at the center of events.

From the DI’s perspective, MINREX’s North America Division is now seen as a de facto wing of the spy service. This assignment is so important that three former members were appointed to ambassadorships. Now we are witnessing the unprecedented return of AmbassadorGustavo Machin to serve as Josefina Vidal’s deputy. Given this pattern of events, I think it’s fairly safe to say Vidal is Raul Castro’s choice to be the first Cuban Ambassador to the United States.

Espionage Backgrounds

Little is publicly known about Vidal’s espionage career.  In May 2003, the US expelled 14 Cuban diplomats for espionage. Seven diplomats were based at the Cuban Mission to the United Nations and seven at the Interests Section. Among the seven Washington-based spies declaredPersona Non Grata was First Secretary Jose Anselmo Lopez PereraHis wife, First Secretary Josefina Vidal, also known to the US as a Cuban Intelligence Officer, voluntarily accompanied her expelled spouse back to Cuba.

Previously, Vidal’s lone known success was her support to the influential Council on Foreign Relations (CFR); in particular, Julia E. Sweig, a CFR Senior Fellow and Deputy Director of the Latin America Program. In her book, Inside the Cuban Revolution: Fidel Castro and the Urban Underground, Sweig profusely thanked six Cuban spies for assisting her with her research. The six intelligence officers were Jose Antonio Arbesu, Ramon Sanchez Parodi, Fernando Garcia Bielsa, Hugo Yedra, Jose Gomez Abad and Josefina Vidal.

The son of a revolutionary hero, Gustavo Machin Gomez, was expelled in November 2002 in retaliation for the Ana Belen Montes case. In 2003, he was Deputy Director of MINREX’s North America Division and Chief the following year. In 2006, he was appointed Cuba’s first ambassador to Pakistan, where he is believed to have targeted US counterterrorism operations in the region. He then returned home to head the International Press Center before his current assignment.

DI officer Johanna Tablada preceded Machin in his second tour as Deputy Division Chief before her appointment as ambassador toPortugal.  She was suspected of being assigned to Department M-I, the elite element focused on targeting the US intelligence community, universities, and Congress.

Eduardo Martinez Borbonet previously assisted Vidal as a Counselor in the North America Division.  In November 2011, two weeks after a landslide victory propelled longtime Havana-ally Daniel Ortega into a controversial third term, he became Havana’s ambassador to Nicaragua.

In late December 1998, First Secretary Martinez Borbonet was expelled for his involvement in the South Florida based Wasp Network.  The diplomat-spy served at the Cuban Mission to the United Nations (CMUN), the traditional hub for Havana’s US-based espionage operations. He had arrived approximately eight years earlier as a lowly Third Secretary.

¿Crisis? Maduro se llevó a toda su familia a disfrutar en China

Tomado de: http://runrun.es/nacional/180290/maduro-le-impone-miseria-al-pueblo-y-se-lleva-toda-la-familia-china.html


Redacción Runrunes

Austeridad, ahorro, cero consumismo. Esa son las prédicas del presidente Nicolás Maduro al pueblo venezolano, ahora que el dinero se acabó y el Gobierno dilapidó miles de millones de dólares. El precio del barril de petróleo cae estrepitosamente y Venezuela padece una crisis sin precedentes con escasez, colas y trifulcas por alimentos, medicinas, baterías para autos y sí, hasta gasolina.

La mejor solución que encontró Maduro: Váyamos a pedir dinero a China, y llevémonos a toda la familia. La cuenta en Twitter de @VVperiodistas publicó una serie de fotografías en las que se aprecia al círculo íntimo de la familia presidencial paseando y disfrutando los parajes de China, mientras en Venezuela, “el pueblo” padece los rigores de la escasez y de la peor crísis ecónomica en décadas.

En las gráficas se aprecia a la ‘primera combatiente’, Cilia Flores y al hijo del presidente, Nicolás Maduro Guerra. También está en las fotos la hermana del primer mandatario, Josefina Maduro Moros (de chaqueta morada en la tercera y cuarta foto), junto a otras personas y hasta niños, todos vestidos de abrigos de pieles y chaquetas y recorriendo la geografía china.

Aquí algunas de las fotografías:

Aqui se ve que las tres hermanas de Nicolas Maduro se fueron de viaje con el, Maria Teresa de Jesus Maduro Moros (CIV N° 5.138.332, nació en Cúcuta Colombia el 21/12/1956), Josefina Maduro Moros (nació 30/01/1960, fue cedulada venezolana en Caracas, Unidad Móvil 52, expedida CIV N° 5.892.463) y María Adelaida Maduro Moros (nació el 20/07/1961;  CIV N° 5.892.462), en el centro de la foto Nicolas Maduro Guerra, y la niña del centro es la hija de este Paola Maduro. 

 

Residencia Campreste de Fidel Castro, El Taje.

Cubanos es hora de despertar, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

RESIDENCIA:
Municipio Trinidad, Provincia Sancti Spíritus. Laguna de Tage, situada al sureste del poblado de Palmirito. La entrada al lugar se realiza por un tramo de la carretera entre Palmirito y San Pedro.

Mansión construida por órdenes de Fidel, la cual está destinado a hospedar a éste y sus invitados Esta instalación fue construida debido a que dentro de la zona se encuentra la Laguna del Tage, lugar frecuentado por Fidel para disfrutar de la pesca y la caza. Los vecinos más cercanos saben cuándo Fidel o Raúl se encuentran allí ya que se escuchan los disparos, que hacen desde un helicópteros los guardias del MININT, con el objetivo de espantar las aves para que puedan ser cazadas por los visitantes. Existen en el lugar grandes cantidades y variedades de aves exóticas, así como patos y faisanes. Cuando Fidel acude a la zona lo hace en avión el cual aterriza en una pista que se construyó en una finca ubicada en las proximidades de la laguna. Dicha finca se la confiscó el gobierno, a un campesino que era su dueño. El acceso al lugar es prácticamente imposible debido a que desde los caminos vecinales hay tropas del MININT.
Atiende la Mansión un personal uniformado que forma parte de la servidumbre. Uso exclusivo de Fidel y sus invitados.
El Taje antes San Pedro y esta al sur de Sancti Spiritus, cerca de la costa sur de Cuba. Coordenadas del Lugar 21°45’43.82″N 79°49’18.37″W 

EL Taje

Casa, El Taje  desde la entrada principal .Casa, El Taje desde la entrada principal .

Aeropuerto construido para el uso exclusivo de los Dictadores Castro.

Aerodromo San Pedro. Casas de los Dictadores Cubanos.
Fue construido esclusivamente para que aterrizaran alli Fidel y Raul Castro cuando iban de caceria a esta aerea. Despues fue extendido por la DAAFAR para ser usado como aerodromo de maniobras de la base de Santa Clara, completamente operacional de dia, no tenia ayuda de navegacion, ni radio, ni faro. Pavimento de asfalto con mas de 2,400 metros de largo X 30 metros de ancho, franjas de seguridad de apenas 15 metros a ambos lados y reservas de combustible modestas, estaba bajo administracion del MININT por los años 1985. Efectivamente, “El Taje”, fue, hasta el derrumbe del campo socialista y la URSS, un coto de caza exclusivo de la alta dirección del desgobierno de Fidel Castro.
Verdaderamente no tuvieron que realizar nada extraordinario para convertirlo en un lugar de turismo de caza menor. Toda la infraestructura ya estaba hecha y con todo el lujo que te puedas imaginar.
El Taje 21º45.0’N 79º46.0’W , 2,249 metros de longitud

San Pedro Aerodromo

Fidel Castro, Campeón de los Dictadores Modernos

Tomado de: http://www.contactomagazine.com/cuba50/castrodictadores1208.htm

Hay sorprendentes rasgos comunes entre los ‘hombres fuertes’ más trascendentes de los últimos 100 años, sobre todo entre Hitler, Mussolini y el comandante cubano

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Ninguno de los que saludábamos a los “mau-mau” (como llamábamos a los rebeldes) que en los primeros días de enero de 1959 desfilaban en jeeps y camiones por el tramo avileño de la Carretera Central, y vitoreábamos a Fidel Castro como un Julio César llegado de las Galias, pudo imaginar que aquel joven líder sería el único gobernante en la historia que, sin ser rey, alcanzaría los 50 años en el poder.

Ni Julio Verne, rey de la imaginería literaria, habría sospechado algo semejante.

Pero así es. Castro, quien en noviembre de 2007 desplazó del primer lugar al norcoreano Kim Il Sun (quien gobernó 48 años, 4 meses y 29 días), el próximo día de Año Nuevo de 2009 implantará otro récord mundial: medio siglo como dictador.

Digo gobernante, porque aunque el anciano comandante no es ya presidente, sigue siendo el primer secretario del Partido Comunista, que según la Constitución socialista del país es la máxima instancia de poder en la isla.

O sea, es Fidel, y no Raúl Castro, el número uno de Cuba, y es el “Comandante” precisamente quien hace más miserable la vida de los cubanos al no permitir que su hermano haga algunas muy tímidas reformas económicas que al menos podrían aliviar la pobreza masiva que sufre hoy el que fuera uno de los tres países con más alto nivel de vida en América Latina.

Sólo un tercer colega de Fidel y Kim ha gobernado 40 años o más: el albanés Enver Hoxha (1945-1985), pero en 2009 se incorporará al exclusivo club el libio Moammar el Ghadafi, quien gobierna desde 1969.

Con motivo de este insólito récord de Castro, habría sido muy oportuno que alguna entidad académica hubiese realizado un estudio para determinar cuáles han sido los “hombres fuertes” más trascendentes de los últimos 100 años, tomando en cuenta no sólo el daño a sus pueblos, sino su impacto internacional.

Como nadie hizo esa selección, yo hice la mía propia: Adolfo Hitler, Benito Mussolini, José Stalin, Mao Tse Tung y Fidel Castro.

Pesos pesados como Pol Pot, Francisco Franco, Sadam Hussein, Idi Amin Dada, Rafael Leónidas Trujillo, Porfirio Díaz, Juan Vicente Gómez, Augusto Pinochet, Kim Il Sun, Mobutu Sese Seko, Suharto, o el líder talibán Mohammad Omar, no alcanzan la puntuación suficiente, pues no afectaron tanto a la comunidad internacional.

Pese a su rica fauna de caudillos, en América Latina no encontré a nadie capaz de relegar a Castro, quien además de trasladar su otrora próspero país al medioevo en pobreza y falta de libertad, de causar la muerte de miles de personas y de exportar la subversión y el terrorismo a toda América Latina, ha sido el único que ha conseguido presentarse como defensor de los pobres.

¿Cuál fue el más letal? El índice apunta hacia Hitler. Su megalomanía provocó la más sangrienta guerra ocurrida jamás, con 60 millones de muertos. Sometió e incendió a casi toda Europa y parte de Africa del Norte y de Asia.

No obstante, hay un dato sorprendente. Según El libro negro del comunismo, un estudio realizado por profesores universitarios europeos, casi todos de izquierda, publicado en 1997, Mao Tse Tung en materia de muertes fue más lejos que Hitler: 65 millones de chinos perdieron la vida durante su liderazgo (1949-1976), unos de hambre a causa de la colectivizacion de la tierra, y otros ejecutados, muchos de ellos durante la Santa Inquisición maoísta llamada “revolución cultural”.

De su influencia baste decir que en Asia y Latinoamérica hay todavía guerrillas o partidos maoístas.

Mussolini, cómplice de Hitler en el genocidio cometido en Europa, fue uno de los mentores ideológicos del Fuhrer, al crear en 1919 los “Fasci Italiani di Combattimento”, grupos armados que luego constituyeron el Partido Nacional Fascista de Italia, en 1920, cuatro años antes de que el “cabo Adolf” plasmara su filosofía fascista en Mein Kampf (Mi lucha).

Stalin causó la muerte de 20 millones de personas entre 1932 y 1941. La mitad de ellas pereció de inanición por la colectivización de las tierras. Los otros 10 millones fueron fusilados en los campos de concentración, según un informe presentado en 1960 por Olga Shatunovskaya, en un pleno del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, presidido por Nikita Kruschev.

O sea, Stalin causó un holocausto mayor que el de los nazis contra los judíos, pues anualmente llevó a la muerte a 2.2 millones de sus compatriotas en nueve años. Fue además la cabeza del movimiento comunista mundial durante tres décadas.

Semejanzas: socialistas radicales

Entre estos cinco caudillos hay muchas semejanzas, muy en particular entre Hitler, Mussolini y Castro.

Los tres comenzaron sus carreras políticas como hombres de izquierda. Hitler se definía a sí mismo como socialista, la bandera de su partido era roja y decretó el 1 de Mayo como día feriado. Odiaba a la burguesía y consideraba que el fascismo y el comunismo eran la misma cosa. El partido nazi fue fundado (1919) con el nombre de Partido de los Trabajadores Alemanes (DAP). La propia palabra nazi significaba socialismo, pues era la abreviatura del vocablo alemán “Nationalsozialismus”.

Mussolini, llamado Benito por su padre (un socialista) en honor a Benito Juárez, se inició como líder socialista simpatizante de Carlos Marx. Era un agitador revolucionario que movilizaba a los trabajadores en contra del orden “burgués”. En 1910 dirigió el semanario La Lotta di Classe y en 1913 fundó una revista llamada Utopía.

El don de la palabra fácil y electrizante y un gran carisma personal fue una ventaja de la que gozaron los tres, que a la vez padecieron por igual de narcisismo y de una enfermiza afición por escucharse a sí mismos.
Como excepcionales oradores, fueron aclamados como dioses terrenales y convencían a las “masas” de que lo blanco era negro, y viceversa. Los discursos de Hitler eran ovacionados por multitudes que lloraban de emoción. Algunas mujeres se desmayaban de la emoción. Por eso obtuvo 13 millones de votos en las elecciones de 1932.

Resulta asombroso ver en documentales de la época, algunos realizados por Leni Riefenstahl, la documentalista personal de Hitler, el gran parecido de Castro con el líder nazi al hablar en actos multitudinarios con el mismo tono agresivo y grandilocuente, y con las poses histriónicas y los gestos de Mussolini, cosa que se puede apreciar en el documental El fascismo corriente (1964), que el cineasta soviético Mijail Romm realizó a partir de materiales de archivo.

En fin, son tantas las coincidencias entre ellos que éstas dibujan una clara influencia de unos sobre otros.

Por ejemplo, Mussolini, creador del fascismo, fue uno de los mentores ideológicos del Fuhrer al crear en 1919 los “Fasci Italiani di Combattimento”, grupos armados que luego constituyeron el Partido Nacional Fascista de Italia, en 1920, cuatro años antes de que el “cabo Adolf” plasmara su filosofía fascista en Mein Kampf (Mi lucha).

En su obra, Hitler repite conceptos del Duce italiano y escribe que el futuro “Estado nacionalsocialista ha de desarrollar una política orientada hacia la justicia social, creando la organización social del trabajo”.

Fidel Castro en julio de 1953 dirigió el asalto a una fortaleza militar cubana, para capturar armas, derrocar al dictador Fulgencio Batista y llegar al poder. El mal organizado ataque fracasó y a su jefe lo encarcelaron.

Por cierto, casi nadie en Cuba sabe que a principios de los años 50 Castro visitó dos veces al general Batista en su finca Cuquine y lo alentó a que diera un golpe de Estado. Los encuentros los solicitó Fidel y fueron logrados gracias al cuñado de Castro, el político Rafael Díaz-Balart, quien estuvo presente y comentó luego que los dos personajes se tuvieron mutua admiración.

Castro, con su pasado gangsteril universitario, al parecer estaba consciente de que por la vía electoral nunca llegaría al poder y alentaba un golpe militar para rebelarse y tomar el poder por la vía armada. Y el 10 de marzo de 1952 Batista lo complació.

En el juicio por el asalto a la instalación militar, Castro terminó con una poética frase: “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”. Y ese fue el título que le puso al programa político y social que escribió en la cómoda y breve prisión que le tocó.

Pero muy pocos en la isla conocen que 30 años antes, para derrrocar primero al gobierno del estado de Bavaria y luego el de toda Alemania, Hitler asaltó el Ministerio de Guerra en Munich, el 9 de noviembre de 1923. El asalto fracasó y en el juicio que le siguieron dijo: “Aún cuando los jueces de este Estado puedan condenar nuestra acción, la historia, diosa de la verdad y de la ley, habrá de sonreír cuando anule el veredicto de este juicio y me declare libre de culpas”.

Luego, en su prisión de nueve meses en la fortaleza de Landsberg, Hitler escribió su programa político e ideológico (Mein Kampf).

¿Pura casualidad?. Quizás no tanto. El sacerdote jesuita Armando Llorente, profesor, mentor y amigo de Fidel en el Colegio de Belén, quien con 94 años fue entrevistado en Miami el año pasado –entrevista que reproduce el semanario Elveraz.com–, cuenta que Fidel pidió en la bibloteca del colegio el libro de Hitler, el cual impresionó mucho al joven.

“Estudiaba y leía mucho, con especial predilección libros sobre los conquistadores españoles y escritos de los líderes del nazismo y del fascismo, como Hitler, Mussolini y José Antonio Primo de Rivera”, explicó el prelado español al periodista.

El religioso añadió: “(Fidel) cantó conmigo el “Cara al sol” veinte mil veces y con el brazo en alto”. “Cara al sol” era el himno de la Falange Española, el partido fascista. Su letra se le atribuye al fundador (1933) y líder del partido, José Antonio Primo de Rivera, fusilado en 1936.

En diciembre de 1958 el padre Llorente logró llegar a la Sierra Maestra, haciéndose pasar por ganadero, para entrevistarse con su ex alumno, a quien le preguntó si la revolución era comunista y éste le respondió: “¡Padre, de dónde voy a sacar el comunismo si mi padre es más franquista que usted!”.

Los ‘gusanos’ de Hitler y Fidel

El Fuhrer llamó gusanos a los judíos, para presentarlos como gentuza a la que se podía borrar de la faz de la Tierra, o avasallar.

Fidel Castro bautizó como gusanos a quienes no estaban de acuerdo con él, y los presentaba como “enemigos vendidos al imperio” que se podían humillar, expulsar del trabajo, despojar de sus propiedades, encarcelar, o fusilar.

La creación de bandas paramilitares de fanáticos son otro denominador común. El Duce creó las camisas negras, cientos de miles de jóvenes con los que entró en Roma y tomó el poder el 30 de octubre de 1922.

Hitler organizó las camisas pardas, convertidas luego en genocidas tropas de asalto. Castro organizó las Milicias Nacionales Revolucionarias, 20 años después las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), y por último las Brigadas de Respuesta Rápida, sin uniforme para que parezcan civiles, que son las bandas paramilitares que hoy envía el Partido Comunista a reprimir a golpes cualquier amago de protesta pacífica.

Pero Castro fue más lejos: creó los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), organización represiva a nivel de cuadra (espacio de 100 metros en los barrios cubanos) que establece que una mitad de la población vigile a la otra mitad y las dos juntas informen a la Policía sobre lo que hace cada ciudadano.

Otro enlace entre ellos es el de inventarse un mundo fantástico, creer en él, y aferrarse a ideas fijas desconectadas de la realidad.

Con Berlín ya ardiendo, y el Ejército Soviético casi a las puertas de su bunker, Hitler continuaba absorto contemplando los planos del futuro Berlín del Tercer Reich que los arquitectos Hermann Geisler y Albert Speer habían realizado.

Hoy, con el país soltando los pedazos y con los cubanos sumergidos en la pobreza profunda y la desesperanza que genera un sistema socieconómico inviable, Castro escribe en sus reflexiones que “el futuro pertenece por entero al socialismo”.

(Alvarez Quiñones, periodista y analista económico cubano con cuatro décadas de experiencia, radica en el sur de California, Estados Unidos. Hasta octubre de 2008 fue integrante del equipo de editores del diario La Opinión de Los Angeles. Es un experto en temas cubanos. Conoció personalmente a Fidel Castro, a Ernesto Che Guevara y a casi todos los dirigentes del régimen cubano).