Testigo de un crimen

Testigo de un Crimen…..

 Por Yucateca Hoy a las 12:45 PM

UNA MAS DE LAS TANTAS HISTORIAS QUE SE HAN ESCUCHADO DE LOS PROTAGONISTAS DEL ÉXODO DEL MARIEL EN 1980
Testigo de un crimen…..
Recuerdo que cuando estábamos en la época de espera, donde no sabíamos si la carta que mi esposo escribió a su tía en Puerto Rico había llegado a su destino y tendríamos respuesta, o si la llamada que hizo posteriormente habría surtido efecto o no, estábamos y vivíamos pendientes de cuanta noticia relacionada con el Mariel se publicaba o si algo decían en la TV [/b]nacional sobre el tema.
El caso fue que nos tranquilizó la idea de que el gobierno decía que establecerían un puente de embarcaciones para cuidar a los que iban rumbo norte, para que no les ocurriera ningún percance y si alguna de ellas necesitaba ayuda, pues ofrecer el rescate que fuera necesario….por supuesto, que en esa época no teníamos ni la menor idea del engaño constante en el que estábamos sumidos y en el que vivíamos, que todo lo que se decía era solo lo que ellos querían que oyéramos y creyéramos, pero que la realidad estaba muy lejos de ser lo que hablaban y publicaban.
Cuando después de la odisea tan grande que pasamos para poder salir y que en otro momento contaré; llegamos al barco esperando como todos los demás para lanzarnos a lo desconocido, a nosotros nos sentaron en la quilla del barco, sobre la soga de amarre al muelle, esa que es gorda como una serpiente y pesada y áspera, allí teníamos nosotros, mi esposo, dos hijas adolescentes, un niño de 5 años y yo, el rinconcito donde la borda pasaba justo por encima de mis ojos y para poder mirar afuera, tenía que erguirme cuanto podía para que los ojos asomaran por encima del nivel de madera que rozaba mi cuello…
Después de 2 días que no dejaban salir a nadie porque había mal tiempo en el estrecho y ya habían zozobrado algunos barcos, dieron luz verde a todas las embarcaciones, decenas de ellas, que estaban llenas de gentes y aun más de ilusiones, para que salieran a la mar.
Aquello fue una desbandada de pájaros como cuando se les abre la puerta de la jaula hacia el aire libre y sin barreras, mirando hacia un horizonte desconocido pero lleno de esperanzas.
Según íbamos avanzando sobre aquella alfombra de un azul tan intenso como jamás había disfrutado, la vista se perdía en la costa que cada vez se nos alejaba mas y que se hacía mas pequeña e inalcanzable, aquella tierra se nos hacía ahora mas querida y mas grande era la angustia de no saber cuándo podríamos volver a pisarla, a pesar de que sólo estábamos apenas saliendo, ya la comenzábamos a extrañar.
Nuestro barco camaronero estaba capitaneado por un lobo de mar que sabía del peligro que corríamos todos, cuando en su embarcación estaban pendientes de su conocimiento y maestría, la vida de 180 personas, cuando ese viejo cascaron sólo podría resistir el peso de 60… el viejo americano tenía pleno dominio de la situación y la travesía se realizaba tratando de tomar el menor riesgo posible, en una carrera que comenzaron los demás barcos para tratar de ver quién llegaba primero, o tal vez, para tratar de huir lo antes posible de todas las ataduras que dejaban atrás….
Nosotros veníamos despacio y por eso, en una oportunidad que me erguí sobre la borda, el horizonte se me hizo circular, esa línea azul que nos rodeaba donde quiera que volteara los ojos, hizo darme cuenta que estábamos casi solos en medio de un mar azul intenso que sólo la propela del barco hacia convertir en espuma blanca el agua que agitaba…muy lejano, surgiendo en el horizonte, se divisaba el único acompañante, un barco grande que rápido se aproximaba.
En otro momento que mis ojos se asomaron, justo en el borde de la borda, no muy lejos de nosotros, distinguí el barco bastante cercano ya como para reconocerlo; desde la ventana donde tenía mi mesa, en la empresa donde trabajaba en La Habana Vieja, los veía pasar por la entrada del puerto, estaba segura que era un mercante de la Empresa de Navegación Mambisa, en ese momento lo vi detrás de nosotros, (para más exactitud, como si yo estuviera sentada en las 6 y viera el barco en las 2), como la posición que asumía era muy incómoda, dejaba caer el cuerpo sobre la soga que me servía de asiento solo por unos segundos para poder respirar y volver a erguirme, vi que el barco estaba atravesado y así varias veces que subía y me sentaba de nuevo, el barco lo veía una veces hacia atrás, otras de costado, otras de frente y otras de costado otra vez,….inocente de mi que pensé que ese era el límite de las aguas donde debían custodiar las fuerzas cubanas porque mas adelante, se encontraba un portaviones norteamericano que dejó salir un helicóptero que cruzó por encima de nosotros, rumbo al barco mercante que había visto, mi mente, crédula, pensó que estaba funcionando aquello que escuché sobre la protección a las embarcaciones menores etc.; el caso que dejé de prestarle atención al barco cubano que ya habíamos dejado muy atrás para mirar de cerca a aquel monstruo de hierro que teníamos entonces mas cerca, como no nos detuvimos, pues pronto también quedó atrás.
Después que llegamos a Key West, (Cayo Hueso), nos recibieron, alimentaron, transportaron y nos montaron en el avión que nos llevó a Pensilvania, al fuerte de Indiantown Gab, un lugar de entrenamiento y albergue para casos de emergencia donde en su oportunidad alojaron también a los vietnamitas que llegaron cuando la guerra. Allí habían instalado en una de las barracas de las tantas que hay, una central telefónica, con muchos aparatos a nuestra disposición para que nos comunicáramos con nuestros familiares y les dejáramos saber donde estábamos porque se creía que los recién llegados se encontraban todos en Miami y eran tantos que hubo que repartirlos en distintas ciudades de los EU….después que fuimos alojados en el área para familias, recibidos los artículos de aseo y descansado de las tantas horas invertidas en el viaje y relajados un poco los nervios, fuimos a tratar de establecer comunicación con nuestra tía en Puerto Rico, allí esperando en la línea mi turno para llamar, se encontraba delante de mi, una muchacha con una enguatada azul que tenía en la espalda unas letras blancas: USA. Los dos niños, una hembra y un varón, también tenían las suyas, grandes por demás, pues pertenecían a los soldados que les habían salvado la vida, ellos andaban con unas chancletas metededos recortadas, que se veían que eran de una talla grande, adaptadas a sus pies pequeñitos, una señora que también esperaba en la fila le preguntó que de dónde había sacado esa ropa y la muchacha comenzó su historia…..Venían en una lancha pequeña, donde cabían 6 personas, en el Mariel metieron a 15 y estaban mas abajo de la línea de flotación y navegaban sumamente despacio porque el motor no tenía la fuerza necesaria para tanto peso, cuando se encontraron que un buque mercante de la Mambisa de Navegación, les cayó atrás y donde pudieron leer perfectamente, porque los tenían encima de ellos, que era el Buque “Las Mercedes”, la tripulación que se asomó a la borda del buque, les empezaron a gritar obscenidades y cosas horribles, así como también la palabra que se había puesto de moda para la ocasión, “escorias”, les deseaban que se hundieran y que tuvieran “buen viaje” etc….el barco empezó a dar vueltas alrededor de ellos, tratando de hacer remolinos para que naufragaran, ellos les gritaban que había niños, los de ella y otros más, y los del barco les decían que no les importaban, estaban solos en medio del mar, solo un barco se divisaba que iba delante de ellos pero tan lejos que era imposible que se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo ni que pudieran escuchar sus gritos, (resultó ser el nuestro), los del buque seguían dándoles vueltas y el remolino, entre la propela del barco que era enorme y haciendo giros, se les estaba volcando la lancha y el agua inundando a toda la gente tambaleante, que gracias a Dios que el helicóptero que salió del portaviones que estaba cerca fue a su rescate, que el mismo tuvo que disparar al mar para obligarlos a que pararan el ataque y que se fueron huyendo a todo motor de la escena, que ella tenía a sus dos hijos abrazados pero que con tanto nervio y mareo, debido al movimiento de la lancha que se hundía, se dió un golpe que perdió el conocimiento y no supo dónde fueron a parar sus hijos, no recordaba cómo la habían sacado de allí…. cuando ella abrió los ojos se encontró en el dispensario del barco y cuando preguntó asustada por sus hijos, le abrieron una puerta para que entraran y llegaron con compotas, sodas, manzanas y todo lo que le pudieron dar, con la ropa seca puesta y con las sandalias recortadas esas que guardaría por siempre.
Esta boba sentimental se puso a llorar, como ahora que estoy haciéndo el recuento, porque me di cuenta que aquello que presencié del barco cambiando de posición con los giros para atrás, de costado y para alante, que pensaba que nos estaban cuidando, etc. etc…Con mi mentalidad entrenada para pensar lo que ponían en ella, esos sólo estaban tratando de matar a esa pobre gente que se encontraba sola en medio del mar y estaba totalmente horrorizada y en pánico.
Enseguida que escuché esa historia, me di cuenta que había sido testigo de un intento de asesinato múltiple….eso jamás lo olvidaré.
Llegado el momento del juicio final, cuando la gente sinvergüenza, mala y despiadada tenga que rendir cuentas por los hechos de lesa humanidad y en contra de los derechos humanos, puedo decir que la tripulación que se encontraba el 18 de mayo de 1980, en el buque mercante “Las Mercedes”, de la Empresa Cubana de Navegación Mambisa, son unos frustrados asesinos y deberán pagar por lo que hicieron, yo fuí testigo de ello…..

Yucateca

Donde ronda la muerte

Aqui recopilare algunos escritos que se publicaron hoy en el foro Secretoscuba, pasen estos escritos dando el creditos a sus respectivos escritores.

Paredón en La Cabaña

Donde ronda la muerte.

Mensaje por Patrio el Miér Feb 04, 2009 8:40 pm

Los turistas extranjeros y gran parte de los jóvenes cubanos que visitan La Habana, no pierden ocasión para asistir a la ceremonia del centenario cañonazo de las nueve. Haciendo las delicias de pequeños y mayores, unos minutos antes de las nueve se deja escuchar el toque del tamborilero que marca el paso de los artilleros a la usanza de las ordenanzas de 1850. Precedidos por el portaestandarte que sostiene el antiguo pabellón hispano con las aspas de San Andrés, siguen marcialmente las órdenes del jefe de la dotación en dirección a la muralla sur que muestra una de las vistas más emblemáticas de la otrora fidelísima Habana, desde donde se efectua el internacionalmente conocido cañonazo justo a las nueve de la noche.
Quizás usted si es natural de la isla y está de visita se proponga asistir a la excelente rememoración histórica tras degustar un exquisito “Mar y Tierra”, en el cercano restaurante “La Divina Pastora” con excelentes vistas a la ciudad o si es usted extranjero, de forma similar lleve a su esposa a disfrutar de un ambiente romántico que le transporte al siglo XVIII. Lo que desconocen muchos es que cada noche tras el retumbar del cañón de turno, oriundos en su mayoría de factorías sevillanas y de nombres tan singulares como Luperto (retirado por una grieta en los noventa), Ganímides o Capitolino, si agudizan el oído pueden escuchar gritos y quejidos de ultratumba. No lo saben, pero están como el buen Dante muy próximos a un terrorífico sitio de muerte, el Foso de los Laureles.
El sitio en cuestión forma parte de la magnífica fortaleza de San Carlos de La Cabaña, que comenzó a edificarse en la colina que domina el lado noreste de la bahía y que toma su singular nombre por una cabaña de color blanco que se divisaba en la elevación ribereña antes de la construcción del resguardado reducto. Como reseña anecdótica, algunas fuentes históricas aseguran que el rey Carlos III a quien debe parte de su nombre, ante el coste total de once millones de duros de la época se acercó a las ventanas de su palacio en España y se mantuvo oteando el horizonte. Ante la preocupación de sus cercanos colaboradores por la mirada fija en lontananza del monarca, este respondió: “Si ha costado tanto, ha de verse desde aquí”. Y no dejaba de tener razón Don Carlos, la fortaleza que llevaba su nombre no sólo era la más grande erigida por el imperio hispano en tierras de ultramar sino que jamás fue conquistada, aunque lo cierto es que debió sentir algún consuelo pues los terrenos para la construción fueron donados por el dueño Don Agustín de Sotolongo. Los planos del castillo fueron hechos por el ingeniero francés M. De Valliére con bocetos recibidos por M. Ricaud de Targale y la edificación se inició en 1763 bajo la dirección del Brigadier Don Silvestre Abarca, trabajos que fueron concluídos en 1774.
Lo cierto es que la imponente fortaleza con muros recubiertos de arcilla roja para que en caso de combate, la sangre de los heridos y muertos no amedrentara a las tropas de refuerzo, jamás entró en combate. Los once millones de duros bien invertidos hicieron de La Habana un bastión inexpugnable, junto a las edificaciones de Atarés y del Príncipe. San Carlos de La Cabaña no adquiriría fama sino por el trágico destino que sufrirían en ella muchos cubanos por lo que sería convertida años más tarde, una especie de Dachau tropical. Entre sus muros miles de hombres han guardado prisión y sufrido tortura, sus paredes y fosos han sido testigos de ejecuciones brutales.
Aunque la muerte ha recorrido cada espacio de la fortaleza con sitios tan connotados como la Galera 13 y se han ultimado a muchos patriotas en varios de sus fosos y del próximo Castillo de Los Tres Reyes del Morro, el más célebre es el Foso de Los Laureles, uno de los sitios menos visitados del lugar. He tenido oportunidad de recorrerlo en varias ocasiones y debo confesar que en este espacio ronda la muerte. Un camino ideal para su acceso es antes del puente levadizo de la entrada principal donde se lee la mármorea inscripción que detalla su construcción. Justo en el lado izquierdo a la entrada del puente una estrecha escalera labrada en caliza desciende hasta el foso y de inmediato se percibe el pasillo entre las enormes murallas, que en dirección sureste recorre unos ciento cincuenta metros hasta el sitio de las ejecuciones. Los bloques desnudos y enormes intramuros le recuerdan la soledad antes del postrer instante que debieron sentir los condenados y lo más sobrecogedor es el silencio. No es una ausencia del típico bullicio habanero, en este tétrico lugar el silencio ha sido amordazado por la historia. Tras recorrer estos metros que semejan kilómetros se accede a una explanada donde una tarja recuerda a los patriotas de la Guerra de Independencia del siglo XIX ejecutados y al frente un pequeño mausoleo, descuidado y breve que recuerda al fusilado que escribió un día: “…No busques volando inquieta, mi tumba oscura y secreta. Golondrina ¿no lo ves?. En la tumba del poeta, no hay un sauce ni un ciprés…”. Y cierto es, nadie ha sembrado en la tumba de Don Juan Clemente Zenea ni un sauce ni un ciprés.
Pero si uno se acerca a las paredes del foso, puede percibir en muchos sitios agujeros de impactos de proyectiles más recientes. Los plomos que en los primeros años de la década de los sesenta ultimaron a cientos de opositores a la naciente tiranía aun se aferran a los muros como el alma de los ultimados a mansalva. Son los plomos del Che ejecutor, imagen que llevan con desenfado muchos de los turistas que sirven de espectadores a la ceremonia del cañonazo, muchos que a manera de estandarte llevan en sus pechos la tristeza de mi pueblo. Los mismos que en la culta Europa exponen al asesino a modo de pasquín en sus lustrosos automóviles y que quizás si sólo caminaran una vez por este foso aprenderían de una vez a respetar la memoria de los que murieron frente a un pelotón por la libertad.
En la margen izquierda del foso, próximo a su final una disciplinada fila de laureles a los que debe su nombre apenas pueden esconder la imagen del Cristo de Casablanca, que con la diestra en alto y los dedos índice y medio erectos, más parece sancionar a la ciudad que otorgar un perdón inmerecido por la pasividad ante el crimen castrista. Para solo mencionar dos testimonios de la barbarie citaré textualmente a la Comisión Pro Trato Humano a Presos Políticos en Cuba:
“…La siega impía de vidas útiles a Cuba sigue “in crescendo”. Así es triste y doloroso para los cubanos, señalar a la Comisión de Derechos Humanos de la OEA cómo aumentan los paredones sangrantes. En La Cabaña se fusila en tres paredones: (1) El llamado Foso de los Laureles, donde estuvieron fusilando hasta marzo de 1961; (2) el foso o los fosos del Morro, y (3) el foso que está detrás de las galeras, desde donde los presos políticos oyen las descargas, las voces de mando, los gritos de los condenados: “Viva Cristo Rey, Viva Cuba Libre, Muera el Comunismo, Muera Fidel, Viva la Agrupación Católica”, etc. El día 30 de agosto de 1962 fusilaron 75 valerosos cubanos, por el delito de no querer para su patria un régimen comunista, ateo, destructor de la nacionalidad. Aquel día funcionaron los tres paredones. Y aquel día un sentimiento unánime estremeció la conciencia americana, acusándole de inercia, porque Cuba, que sigue sufriendo, espera de sus hermanos la hora de la justicia y de la libertad.
12. Un ex-militar calificó los fusilamientos como cacería humana, según lo vio en los fosos de La Cabaña:
Los fusilamientos se verificaban precisamente detrás de las galeras donde estaban todos los presos, para que se hicieran sentir sus efectos en la moral de los presos. Ocurrían de 10 a 12 de la noche o a las 2 de la madrugada. Nunca se llevó a cabo un fusilamiento con toda propiedad, como los militares de escuela sabemos que se fusila. Los fusilamientos se verificaban persiguiendo prácticamente a tiros al sentenciado. No puedo creer que todos aquellos hombres disparasen, pero sí los jefes de los pelotones, quienes eran los encargados de perseguir a tiros a los ajusticiados. Muchas veces, como es natural, el herido en una pierna cae, y en el ansia de vivir, trata de escapar. Entonces había que matarlo igual que a un animal. Así ocurría en La Cabaña…”
El humilde cenotafio a Zenea me impactó, la tarja a los fusilados durante la Guerra de Independencia me estremeció, pero me sacudió el alma para siempre la presencia de las ánimas ocultas por la propaganda castrista que a modo de náyades en apotéosis reclaman el lugar que les corresponde entre los cubanos de honor por entregar su vida por la libertad que hoy aun nos roba el castrismo.
En el Foso de Los Laureles esperan nuestros hermanos caídos, su valor nos reclama.
¡Gloria eterna a los fusilados por la dictadura castrista!
Patrio.
Parque Histórico-militar Morro Cabaña

Por ppp357 Hoy a las 6:58 PM

Después de que hicieron museo la histórica CABAÑA estuve allí, pues las anteriores veces había estado pero era muy pequeño y todavía era centro de detención a los contrarrevolucionarios condenados o sin condenas opuestos al sistema comunista. Esa única vez que estuve fui con mi esposa e hijos y un hermano de mi mama que andaba de visita por CUBA después de muchísimos años que a su vez estaba con su esposa europea y enamorada de las obras arquitectónicas construidas en siglos pasados y los lleve a petición de ella, por que mi tío no estaba muy convencido de la visita, pues el fue victima del presidio político precisamente en ese lugar, apenas entrábamos ya señalaba el lugar exacto donde fusilaban a los prisioneros políticos, ahí comenzó a alterarse un poco, cuando entramos al patio recuerdo que para el lado izquierdo estaba toda la zona de museos y para la derecha había una cinta puesta parece que estaba aun en construcción, el quiso ir a esa zona de construcción y allí empezó a decirnos todas las galeras donde habían estado los presos, donde el había estado y la galera de los condenados a fusilamiento, ahí se suponía había estado uno de sus hermanos, o sea tío mío también que habían fusilado, y que el ,ni nadie de la familia había visto mas nunca después de que se lo llevaron detenido aquellos momentos fueron bastante tensos pues el ya lloraba con un niño pequeño ,ya no hablaba normal casi gritaba ,el porque no enseñaban esa parte también y decían lo que allí había ocurrido, al pasar el rato, se hizo oscuro y tuvimos que salir porque no se veía nada, decidimos ir entonces a la otra parte que era el museo, pero necesariamente había que pasar por frente de las oficinas del asesino argentino donde exhibían glamorosamente todas las pertenencias de ese diabólico ser, allí entramos y lo que hizo fue escupir en la misma oficina como un acto de desprecio y de sentirse incomodo con lo que allí se mostraba, de allí directo a la calle se acabo la visita no pudo resistir tanta presión interior, le duro como dos días volverse a reponer. ESA es mi historia de la única visita al museo de LA CABAÑA.

Quien comando el primer pelotón de fusilamiento de la Cabaña, que por cierto era un americano, hijo de un marine de la Base de Guantánamo?

 Cuarteles y cuadras de El Morro

Por JOSE ROURA

Herman Marks….prófugo de la justicia americana por violador, un depravado sexual, que no encontró otra opción de integración que no fuera el nido de ratas que dirigían El Che, y Fidel.
Luego de disfrutar los fusilamientos que el personalmente dirigía, atendiendo a las ordenes del Che, disfrutaba aun mas el tiro de gracia mientras fumaba un puro.
Un pequeño grupo de Cubanos empeñados en su captura y entrega a tribunales internacionales e incluso a los de EEUU, le tuvieron muy cerca luego de confidencias de que estaba viviendo en Tamaulipas, después de habar salido de Cuba… actualmente no hay rastro de el, pero se sabe no ha muerto, o al menos su muerte no esta reportada en por lo menos unos posibles 30 países de destino…pero continua la búsqueda de esa rata.

En Angola

En Angola

Escrito tomado de Penultimos Dias.

Raúl Castro viaja ahora a Angola, como un colonizador que visita antiguos dominios. Pero —¡qué paradoja!— no encontrará el mismo sentimiento amigable que por los colonizadores portugueses se profesa en esas latitudes. Al contrario, los cubanos son odiados en Angola: se les culpa de ser los “perros de la guerra”, los responsables de la destrucción y la miseria con que cada día se levanta esa nación centroafricana.
Como parte de un plan de negocio para empresas españolas y panameñas, aterricé en Luanda durante el invierno del 2002. En un salón de protocolo que parecía un calabozo de inmigración fuimos recibidos con folletos turísticos que no mencionaban playas ni hoteles, eran gráficos sobre un solo evento: la muerte del líder rebelde de la Unita, Jonas Savimbi. Instantáneas desde diferentes ángulos nos regalaban a Savimbi muerto, sangrando a medio vestir con un ridículo calzón a rayas. Estas fotos eran la prueba contundente de que el país comenzaba a marchar, la más elocuente muestra de tranquilidad y bienestar que nos podían regalar para propiciar las inversiones futuras.
El nuevo siglo encontraba una ciudad destruida y depauperada; alcantarillas reventadas, ríos de desperdicios entre los escombros, las ruinas de lo que fue una de las más bellas ciudades portuguesas de ultramar, ladrones linchados en plena calle al grito de ¡gatuno! y una pobreza como he visto pocas en el resto del mundo. Y una corrupción sin disfraces ni afeites: no hubo ministro que no pidiera dinero, no hubo propiedad o industria importante que no fuera manejada por la familia del Presidente, estadista devenido reyezuelo tribal, monstruo que conservaba el poder protegido por una inmensa guardia pretoriana de mulatos cubanos, única presencia insular que perdura dentro de las fuerzas armadas angolanas.
Los inversionistas angolanos fueron directos y rudos al aconsejarme: era preferible que nadie supiera mi nacionalidad; si alguien se enteraba que había un cubano entre los empresarios españoles y panameños las buenas perspectivas desaparecerían para todos.

Nos despreciaban hasta tal punto que nunca dejaban a las empresas cubanas participar en los grandes negocios. Los cubanos que se movían en Luanda por su cuenta apelaban al subterfugio de sobrenombres portugueses para escapar al estigma de su verdadera procedencia. Los trabajadores civiles de las FAR que, como un contingente, buscan divisas en inversiones africanas, desesperaban entre una planta de prefabricado y un cibercafé ridículo que administraban en los bajos del edificio que ocupan.
Sólo vi a un cubano de éxito: el médico personal del Presidente. Al igual que la escolta presidencial, era “garantizado” por el Gobierno de La Habana. Hoy es un importante inversionista, que administra las clínicas privadas de la capital, propiedades exclusivas de la familia presidencial. Se le permite disfrutar de una bonanza excepcional para su condición de cubano, casi irreconocible entre el Mercedes Benz último modelo y la amante brasileña con diez años menos. Fue el único que quiso hablar como cubano, pero para insistirnos en que exprimiéramos la memoria para recordar algún comentario sobre su persona. Me apenó lo frágil de su bonanza. A tantas millas de la isla seguía temiendo a los anónimos y denuncias, al riesgo de un regreso.
El presidente Dos Santos es además, dueño de la telefonía celular, la compañía de aviación y algunas minas de diamantes. su esposa rusa de la era comunista ha sido sustituida por una aeromoza de lujo, que convertida en Primera Dama presume de sus viajes a París y sus peinados de moda.
El monumento al héroe nacional permanece inconcluso desde los años ochenta. Los funcionarios nos aseguraban que pronto se terminarían las obras y que por fin Agostino Neto descansaría en su base, embalsamado y congelado como el Lenin de Moscú. Pero parece que al presidente no le apura el pago de esa deuda histórica. Prefiere competir en él en otro terreno: los dibujos de las kwanzas.
Angola es hoy una cueva de ladrones, la tierra de un pueblo destrozado y empobrecido sin remedio, el cementerio de las manías africanas de nuestro gallego barbado. Todo esto, gracias a los servicios de los soldados cubanos, unos infelices que durante 13 años combatieron y murieron en nombre de una deuda abstracta con la humanidad.

Camilo Loret de Mola
Miami

El otoño del (otro) Comandante

Este ecrito fue publicado en Penultimos Dias.

El otoño del (otro) Comandante

Papito Serguera llegó al final de sus tiempos como negociante privado. Se dedicaba a alquilar su casa, la misma que le dio Fidel en sus años de entrega total.
Para el nuevo negocio adornó las paredes con fotos históricas: el Che, Bembela, Raúl y Fidel, entre otros. Aquello parecía un hotel revolucionario.
Inagotable fuente de simpáticas anécdotas y buen degustador de cuanto trago apareciera, Papito alegraba su otoño con los justificados dólares. El nuevo negocio le garantizaba tiempo suficiente para vivir en calma y compartir con los socios de la época del “truene”, miembros del sindicato de los que ayer-fueron-y-hoy-no-son: Rigoberto, el Moro, Diocles, Robertico, Torres el Flaco, Lahitte y también para echarle alguna bronca a los clientes que no paraban de manchar las sábanas.
Papito era también un buen conversador y por eso los clientes preferían escucharlo. Lejos de las leyendas urbanas que lo asociaban a cuanta metedura de pata hubiera tenido la Revolución en los primeros años, prefirió tejerse una leyenda más reposada, como si fuera un ideólogo de consulta, o un gurú retirado del poder revolucionario.
Los clientes se arremolinaban a su alrededor, románticos de izquierda que entre mulata y playa hacían espacio para escuchar de boca de un testigo excepcional los pasos épicos que condujeron el país al destrozo actual.
Nunca les contó cómo sirvió de fiscal en los juicios sangrientos de los primeros años. Jamás habló del marabú del Camagüey, ese con el que prometió acabar —en vano. Mucho menos de su etapa como embajador en Argelia, donde puso literalmente a hablar mierda al comandante, quien luego tuvo que retractarse y brindar desagravios al nuevo presidente Bouteflika.
Tampoco contó mucho sobre su peor momento, al frente del ICRT, donde conspiró contra la cultura cubana, persiguiendo a figuras que hoy sirven de pedestal al ícono de barro del arte revolucionario. Una de las leyendas urbanas más persistentes que corren en La Habana lo ha convertido en la fuente de inspiración de la canción “Ojalá” de Silvio Rodríguez.
En medio de la calma que esos dólares tardíos le aportaban, pasó por un mal momento, mucho antes del cáncer que este madrugada se lo acaba de llevar. Ante un intento de vejación cometido por unos policías “sofocadores” en Matanzas, su hija abofeteó al más atrevido de los uniformados y a puño limpio defendió su derecho a ser respetada como ciudadana cubana, sin importar que estuviera en territorios turísticos, vedados a Guillén y sus cantos de olas abiertas, democráticas.
Papito corrió a Matanzas y llegó antes de que las hiperemias contusas se hubieran borrado de las caras de los policías abofeteados, arañados y mordidos por su valiente hija. Cuando preguntó por ella en la carpeta le dijeron que estaba en un calabozo, lo que desató sus protestas. Con él venían testigos de los hechos que aseguraban que ella era la víctima. La reacción del agente con los carrillos rojos por la sorpresiva golpiza lo dejó perplejo. Lo detuvieron a él, al Comandante fiscal, al Embajador, al funcionario de leyenda, al Amigo. Lo recluyeron en uno de los calabozos de los que él disponía para los enemigos de antaño. El desconocimiento histórico del joven policía lo sometió al más cruel experimento de su vida. A manos de los suyos, sufría por primera vez el maltrato de la Revolución.
Luego vino el delegado provincial del MININT a disculparse y prometer soluciones. Papito regreso a la Habana enfermo, había visto el monstruo por dentro —ese monstruo que él había ayudado a crear. Su hija tuvo que luchar duro para no ser encarcelada; de nada valieron los galones del pasado, nadie respetaba la historia paterna y al contrario, pareciera que intentaban vengarse de aquel apellido caído en desgracia.
Ha muerto hoy en La Habana con sus hijos y nietos desperdigados por el mundo, con fotos para justificar su vida aventurera, algunos dólares bajo el colchón y las manos demasiado sucias.

Camilo Loret de Mola
Miami

Foto: Joseph Scherschel para Life (1959)/ © Time Inc.