Orlando Zapata Tamayo muere en Cuba tras 86 dias de huelga de hambre.

La sombra de la ignominia crece sobre la memoria de los Castro. Un joven negro muere tras una huelga de hambre de 86 dias. Es tal la arrogancia y el abuso de poder de estos genocidas que ni siquiera se preocupan por el costo politico de la muerte de este joven.  La impunidad del poder roza limites estratosfericos en la isla de Cuba, donde existen la organizacion y los medios de salud necesarios para haber evitado esta muerte. Pero la euforia del tirano por sus exitos diplomaticos en latinoamerica logrados a traves de decadas de chantaje y  espionaje politico es tal que nadie se detuvo a pensar en salvar la vida de este valiente e inclaudicable hermano.


Sign here for the release of cuban political prisoners
Orlando es un martir de la Patria, su valor es un ejemplo y no vamos a parar hasta que el mundo entero sepa de este crimen, sobre todo nuestro pueblo, que cada vez mas da señales de despertar del letargo que la bota del comunismo nos ha impuesto durante 50 años.  Desde su altura un joven de sangre negra, espanola y taina nos dice que morir por la patria es vivir y que esta llegando la hora de que los asesinos que tienen a nuestra patria por rehen paguen por sus crimenes. Los  Castro y sus descendientes tienen que pagar por el abuso y el desprecio a que nos someten dia a dia.

Cuando en la Roma todopoderosa los cristianos eran devorados por los leones, nadie jamás imagino que un día ese propio imperio bajaría su cabeza ante Cristo. No hay nada más grande que el poder de Dios, y más temprano que tarde Dios pondrá el valor necesario en los corazones de nuestro pueblo para echar de una vez y por todas  este engendro del mal, llamado Castro-Comunismo al estercolero de la Historia de donde nunca debió de haber salido.

Al fin, libre como siempre lo fue tu rebelde espiritu tienes hoy la estatura de un gigante. Tu muerte no sera en vano.

Orestes o un cubano de a pie. Revelacion (III)

Revelacion (III y Final)

Palabras como “Incansable, caritativo, entusiasta, noble, imaginativo, bueno, bromista, increíble” me las señalaron de él mientras pregunté y todas las personas que me las aportaron se las sacaron de las almas unidas a lágrimas y ademanes motivados por el dolor de la perdida real. Encontré una diferencia entre estas personas y las otras que solo pronunciaron oprobios sin sentimiento dejándose llevar por el rumor o quien sabe por qué; sin embargo a esas no era para odiarlas porque, como me diría esa vecina mía, la de la revista, uno como Eduardo les hubiera lavado las impurezas, las hubiera descontaminado si le hubieran dado tiempo.

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