Granada, la derrota que Fidel Castro no podía perdonar

Granada, la derrota que Fidel Castro no podía perdonar
Posted on 25 octubre, 2013 by Café Fuerte in Cuba, Opinión, Política, Principal,


Fidel Castro junto a Maurice Bishop en una de sus visitas a Cuba, en 1983. Al fondo (a la derecha) el autor de este artículo.

Por Juan Reynaldo Sánchez*

A 30 años de los acontecimientos desencadenados en la isla caribeña de Granada tras el magnicidio del primer ministro Maurice Bishop y la invasión de tropas estadounidenses, el fantasma de Fidel Castro gravita sobre el descalabro de la operación militar cubana y la suerte de 25 compatriotas que fueron conminados a una muerte absurda.

Todavía hoy siguen en pie dos preguntas esenciales: ¿Qué significaba Granada en los propósitos megalomaníacos de Fidel Castro? ¿Por qué designó al coronel Pedro Benigno Tortoló Comas y cuáles fueron sus órdenes directas?

Al frente del movimiento izquierdista de la Nueva Joya (NJM, Bishop había tomado el poder en 1979 mediante un golpe de Estado contra el gobierno del primer ministro Eric Gairy, precisamente con ayuda logística de La Habana.

Fidel Castro necesitaba de otro puntal en el Caribe, además de la Jamaica de Michael Manley. Sabía que el gobierno de Manley era inestable y podía perder el poder en cualquier momento, como en realidad sucedió en 1980. De manera que Granada aparecía como el trampolín de exportación de la revolución a otras naciones de la región caribeña, como ya lo era la Nicaragua sandinista en Centroamérica.

Entrenamiento en Cuba

La posible influencia en la comunidad caribeña del gobierno de la Nueva Joya sería verdaderamente importante tanto para Castro como para la entonces todopoderosa Unión Soviética en pleno apogeo de la Guerra Fría, dada la tendencia marxista leninista de Bishop.

Desde los primeros días del triunfo de Bishop, Fidel Castro ofreció entrenamiento y asesoramiento en aspectos de la seguridad presidencial y militar especializada que el premier granadino no tardó en aceptar.

Así fue como decenas de militantes de la Nueva Joya comenzaron a entrenarse en la escuela de la Seguridad Personal, por entonces ubicada donde hoy se encuentra la Unidad de la Policía Especial en el bosque de La Habana; otras decenas de granadinos reciben cursos especiales en las instalaciones de Tropas Especiales del Ministerio del Interior.

Bishop visita Cuba por última vez el 7 de octubre de 1983, días antes de la intervención norteamericana y caribeña a la isla. La visita transcurre en largas horas de reuniones y recorridos por el interior del país, incluyendo la Central Electronuclear de Juraguá, en Cienfuegos. Bishop le comenta a Fidel Castro sobre las divisiones dentro del partido de la Nueva Joya, las críticas de culto a la personalidad que le habían realizado dentro de la organización y la cada vez más precaria unidad en el gobierno de la isla.

Ya para esta época, Cuba está involucrada en la construcción de un aeropuerto en Point Salines mediante la colaboración de una brigada de constructores, según un acuerdo establecido con Granada, a la vez que habían sido enviados decenas de asesores militares cubanos.

La estrella de Tortoló

Bajo el pretexto de construirse únicamente para el apoyo del turismo a la isla, el aeropuerto también tenía el objetivo de servir a los propósitos del tráfico de personal y material bélico hacia el Caribe, como en una época se utilizó el aeropuerto internacional José Martí de La Habana para el aterrizaje y estacionamiento de los bombarderos soviéticos de largo alcance soviéticos en un área militar especialmente habilitada en el lugar.

Con estos antecedentes es comprensible la designación del coronel Tortoló para la defensa de las instalaciones y posiciones cubanas en Granada.

Fidel Castro conocía a Tortoló desde las maniobras militares Bastión, a comienzos de los años 80, y especialmente estuvo muy cerca de él durante los ejercicios desarrollados en 1983. En el recorrido realizado por diferentes puestos de mando de la defensa, Castro llegó a la antigua escuela de responsables de milicias del Ejército Central, que tenía a Tortoló como jefe del Estado Mayor de esa fuerza militar.

Al arribar Castro, le rinden el parte correspondiente de las supuestas acciones militares y como jefe del Fstado mayor le informa de las tácticas y maniobras a seguir para contrarrestar una posible invasión enemiga. Tortoló lo hace bien y responde sin titubeos a las incisivas preguntas del gobernante, que se lleva una magnífica impresión del joven coronel.

El 14 de octubre Bishop es depuesto y asesinado por las fuerzas leales a Bernard Coard y se desata una ola de violencia en la nación caribeña. Ante la inminente intervención militar por parte de Estados Unidos y fuerzas conjuntas de estados caribeños como Barbados, Dominica y Jamaica, Fidel Castro decide no retirar ni un solo cubano de Granada y enviar a un militar de alta graduación para hacerse cargo de la defensa en las posiciones cubanas en el territorio granadino, fundamentalmente el aeropuerto en construcción en Point Salines y la Embajada cubana.

En el despacho de Fidel Castro

El nombre que le viene a la mente en ese momento es el de aquel jefe del Estado Mayor del Ejército Central que pocos días ante le había dado una brillante disertación en las maniobras para repeler cualquier “invasión enemiga”. De esta forma se decide la suerte de Tortoló. El coronel es citado para el despacho de Castro en el Consejo de Estado, donde Castro personalmente le da las órdenes que debía ejecutar a su llegada a Granada.

Recuerdo claramente, como si fuera hoy, aquel encuentro y las apremiantes recomendaciones hechas por Castro:

A.- Sin perder un minuto, organizar a los cubanos en las diferentes zonas para la defensa de las instalaciones y distribuir todas las armas que allí se encontraban.

B.- Establecer un sistema de comunicaciones entre las posiciones y la embajada cubana, a fin de mantener informada a La Habana sobre los posibles acontecimientos que se desarrollaran.

C.- Lo más importante: no atacar a las fuerzas enemigas si no eran atacados directamente.

Fidel Castro le insistió que debía defender sus posiciones a toda costa “hasta el último hombre y la última bala”, aún con el conocimiento de que no podía contar con refuerzos desde Cuba, previendo el bloqueo naval que se implantaría a la isla. En otras palabras, significaba que en caso de enfrentamiento armado, sería combatir hasta el final. Un suicidio anunciado.

Con estas órdenes en la cabeza, el coronel Totoló partió del aeropuerto del escuadrón ejecutivo de Playa Baracoa, al oeste de la capital cubana, en un avión AN-26 que lo trasladó a la isla de Granada, en la madrugada del 24 de octubre de 1983. Para esa fecha, Bishop ya había sido ultimado.

Inmolados y aferrados a la bandera

Todos los partes recibidos por Fidel Castro a través de la embajada cubana en Granada, donde se encontraba como embajador Julián Enrique Torres Rizo eran devastadores y potencialmente exagerados, hasta el punto de informar que el último reducto de resistencia cubana se había inmolado, abrazados todos sus integrantes a la enseña nacional.

¿Por qué Fidel Castro no retiró al personal cubano de Granada una vez que Bishop fue asesinado, cuando incluso él mismo había expresado que las relaciones con Bernad Coard y su gobierno eran frías y distantes? ¿Por qué no aprovechó esa cobertura y salvó a decenas de cubanos muertos y heridos en una contienda que no tenía más salida que la inmolación?

Ciertamente Fidel Castro no movió un dedo en buscar una evacuación de los cubanos mediante una coordinación diplomática con las fuerzas invasoras. No porque no había tiempo -como expresó después- sino porque desde un principio esa variante no estuvo en sus planes. Castro sabía que los cubanos no contaban con el armamento, ni la preparación, ni la experiencia necesaria para hacer frente y frenar un posible ataque a las posiciones que ocupaban en territorio granadino.

La verdadera intención de Fidel Castro era que, si Estados Unidos se decidía por no atacar las posiciones cubanas, los 700 efectivos desplegados allí regresarían a Cuba como verdaderos héroes y se esgrimiría el argumento victorioso de que el imperialismo no había osado atacarlos. En caso de ser atacados, ofrecerían resistencia “hasta el último hombre y la última bala”, como le había ordenado a Tortoló, y entonces desataría una campaña internacional en contra del presidente Ronald Reagan para desacreditarlo y tildarlo de abusador y asesino.

Pero las cosas no le salieron como esperaba. Tortoló no tuvo nunca la decisión de inmolarse ante una causa que ya se había perdido desde La Habana cuando lo enviaron a Granada.

Rostro de preocupación

Recuerdo el rostro de preocupación y el desasosiego que acompañó a Fidel Castro por esos días tras las evidencias de la aplastante derrota.

Según se supo luego mediante las investigaciones realizadas personalmente por Fidel y Raúl Castro, Tortoló nunca dio la orden de fuego contra las posiciones enemigas. La pesquisa fue conducida por los dos hermanos mediante entrevistas a testigos de los acontecimientos, incluido el propio Tortoló, en la Casa 28 de protocolo del Consejo de Estado, situada en las callea 150 y 21 del municipio Playa, en La Habana.

Los interrogatorios confirmaron que Tortoló recorría las posiciones durante el enfrentamiento, desatado realmente por las fuerzas granadinas de resistencia. Al ver que los cubanos no le tiraban a las tropas invasoras, los granadinos comenzaron a hacerle fuego a a las posiciones cubanas para buscar una reacción. Algunas posiciones cubanas abrieron entonces fuego por su cuenta, sin tener la orden específica del mando inmediato.

El saldo de esta lamentable escaramuza militar fue de 19 soldados estadounidenses, 25 cubanos y 45 granadinos del Ejército Revolucionario del Pueblo (PRA) fallecidos. También murieron 24 civiles de Granada. Entre los cubanos hubo también 59 heridos y 638 prisioneros.

Chivo expiatorio

Poco le duraron al coronel Tortoló las horas de gloria después que fuera recibido como un héroe por el propio Fidel Castro en el aeropuerto de La Habana, donde rindió el parte de la “misión cumplida”. Después de las investigaciones realizadas, fue recriminado por Fidel y Raúl castro en la mencionada Casa 28 y enviado a un tribunal de honor que lo degradó a soldado, junto con todos los militares cubanos que estaban en Granada. Como alternativa se les impuso limpiar su honor en la guerra de Angola, donde combatió Tortoló y se ganó los grados de sargento. Hoy vive sin gloria y con pena en su casa de la calle Marino en La Habana, a los 68 años.

Toda la responsabilidad de este inútil enfrentamiento cubano con la 82 División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos recae sobre la conciencia de Fidel Castro y de su hermano Raúl. Aunque Tortoló cargará siempre con el estigma del hombre que huyó, no fue más que el chivo expiatorio de este monumental fiasco militar cubano en el Caribe.

Después de Granada, la imagen de la invencibilidad cubana y la retórica de la inmolación patriótica quedaron severamente dañadas. Y eso es lo que Fidel Castro no podía perdonar.

*Juan Reynaldo Sánchez fue escolta personal de Fidel Castro entre 1968 y 1994, con grados de teniente coronel. Fue destituido y cumplió prisión en Cuba. Logró abandonar la isla en el 2008 y actualmente reside en Miami. Tiene en proceso de edición un libro sobre su experiencia en la seguridad personal del gobernante cubano.