24 de febrero de 1996

Aquí les dejo una carta que recibí hoy de mi amigo Camilo Loret de Mola.

24 de febrero de 1996.

Era una mañana normal, el radio se apropiaba de la efeméride de antaño para crear símiles con los dictadores actuales.

Comenzábamos a respirar esperanza luego de un tortuoso periodo especial que nos dejaba flacos y con poca vista para encarar el próximo siglo.

Al gobierno le salían bien las cosas con los enemigos eternos, la nueva administración le permitía el flujo de aviones cargados con familiares y dólares. Aterrizaban cuatro vuelos semanales y cada uno reactivaba un poco más el mercado nacional, ese mismo mercado que fuera dado por muerto unos años antes. Lo mejor era que el Estado no gastaba nada, solo recibía pagos e ingresos de donde menos se esperaba. Ahora explotaban a su favor los sentimientos familiares que tantos años de dictadura no habían logrado borrar.

Para mayor ventaja, se mantenía un acuerdo migratorio con los Estados Unidos que garantizaba una lotería de visas cada año, proceso que mantenía vivas las esperanzas de quienes trataban de escapar, esta vez de manera legal, con papeles y pasajes.

Luego de los difíciles momentos de crisis, maleconazo, balsas y manifestaciones, una nueva tolerancia pareciera primar en la política oficial.

Muchos llegaron a creer que al final, los extremistas habían decidido aflojar la cuerda y nos dejarían movernos un poco. Que con la bonanza que aparentaba sostenerles desde enfrente podríamos jugar a los perdones y las distensiones.

En la cabeza de nadie cabía que aquella mañana ya existía un plan para acabar con todo. El 24 de febrero de 1996 marcó el inicio del retroceso. Que importaba la tranquilidad de nadie si el dictador se tornaba inseguro.

Para recuperar su calma lo arriesgó todo, hasta a sus espías. Enredó el vuelo de sus aviones violentos en una pírrica batalla. Con fuego tumbó las avionetas indefensas para volver a llenarnos a todos los cubanos de oprobios y amenazas. Se acabaron las contemplaciones, las licencias, los dólares y los juegos de mercado. Volvimos al terror en nombre del pueblo.

Ese día coincidía también con la reunión más importante de todas las organizaciones disidentes dentro Cuba. Un concilio cubano que comenzaba a tomar cuerpo y conciencia más allá de las fronteras de la Isla. Con precisión de relojería suiza, al mismo tiempo que caían abatidas las avionetas de hermanos al rescate, se apresaban a los últimos líderes y participantes del proyecto que quedaban en libertad. Troncharon así la importante reunión y entretuvieron la opinión pública con uno solo de los macabros actos de aquella jornada.

La desproporción en la reacción contra las avionetas civiles advertía el sino de los nuevos tiempos, aprovecharon a los indefensos derribados en aguas internacionales para justificar a los militares reprimiendo y las cárceles llenas.

Las nuevas víctimas fueron condenadas a yacer en el mismo cementerio de tantos, camposanto labrado con el odio de los esbirros por cincuenta años.

Descansan en las profundidades junto a los cientos de balseros ahogados, a las víctimas del remolcador destrozado, a los fugitivos tiroteados y a todos los abandonados a su suerte y a su muerte. Dignos hijos de la Isla azotada que esperan el momento en que se les restituya su condición de héroes de la patria nueva. Esa que algún día recuperaremos y reconstruiremos en nombre de todos y en honor a ellos.

Esta fecha marca una enseñanza que no debe ser desatendida, fiel ejemplo del fracaso de cuantos trataron de negociar la paz con los dictadores, advertencia importante para quienes pretenden otorgar dádivas para esperar reacciones. No se razona con una bestia enferma, el esbirro siempre te soltará los perros.

Las buenas intenciones de otros presidentes norteamericanos como Ford, Carter, Reagan y Clinton, siempre recibieron respuestas como Angola, Nicaragua, el Mariel, la Crisis de los Balseros y las Avionetas de Hermanos al Rescate. Como si la Revolución los necesitara de enemigos y ante cualquier acto de buena fe les prefiere golpear a traición.

Como tantas veces para los cubanos, una mañana normal, un amanecer hermoso de febrero se transformaba en el infierno con el paso de las horas. No hubo bonanza que detuviera el abuso contra los aviadores civiles armados de ideas. No importó que con ello se viraran los tiempos, se regresara al desastre, a la violencia, a la desgracia de todos. Tal parece que se prefería la crisis de siempre, el enemigo inventado, la muerte y el destrozo como solución, como condena.

Trece años ya del crimen contra nobles cubanos. Los verdugos gritaron sus indecencias que quedaron grabadas para la historia, como prueba de su baja catadura, como expediente ignominioso por el que algún día deberán responder.

Honremos este décimotercer aniversario con el compromiso de no dejar impunes tales crímenes. Manteniendo viva la memoria de nuestros cuatro pilotos derribados aquel 24 de febrero, muchachos nobles que entregaron su sangre generosa a disposición de la libertad de Cuba.

Corriente Agramontista de Abogados Cubanos

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