Mis amigos, los juglares

Mis amigos lo Juglares

Por: Bernardo Jurado

Entré al teatro, lleno de personas impacientes, jugando a la sociedad, de tribuna abierta en la democracia prestada, de anhelo por lo propio en el extraño país, porque nunca será nuestro el origen incambiable de la infancia vivida en la madurez del exilio siempre obligado.
Subí a saludar a mis amigos, los autodeniminados apropiadamente juglares y con abrazos propios de hombres de común hambre intelectual, deseamos éxito mas no suerte, porque la segunda ya la tienen en esa mixtura divina del talento con preparación. Estaban en una conversación de voz baja, como toreros antes de la faena en una santa comunión con lo sublime de la prosa que solo resonaba en sus mentes antes del evento….momento encantador que hemos vivido algunos hombres públicos, lleno de incertidumbre, hacia el auditorio fiel.
Una de las mentes mas meridianas del acontecer del país común, les presentó como lo que son, unos sobredotados disciplinados, poseedores de la esperanza.
Alexis Ortiz, político y periodista de profesión , escritor y buena persona, con su maleta de cultura, ilustró lo que vendría, creando la espectativa correcta en un discurso cargado de abundancia y gentileza, coronado con su fenotipia venezolana y el lenguaje llano del oriental siempre simpático.
Los juglares fueron los rapsodas, cantantes y recitadores del verso propio y ajeno, que encarnaban la trajedia, el humor, la cultura, la alegría y el folklore y así empezaron, bajo la tonada del cuatro que parecian diez, con la voz cuidada de tantos escenarios y el histrionismo de años de experiencia y se mezclaron y jugaron y rieron y soñaron y nos hicieron soñar!
Ellos son la venezolanidad, la que queremos en la tierra propia y la que hemos exportado saliendo de la asfixiante estructura, que otros venezolanos han diseñado para opacar lo descente y profundo del pensamiento, pero ellos lo resucitaron y llamaron a Andrés Eloy, también a un Martí y se pasearon por la pampa y los llanos, con la clave cubana y el danzón de allá.
Cada día consigo en mis lecturas, hilos invisibles de unión entre la Cuba libre y la Venezuela por perder la libertad o tal vez nunca fueron libres o quizas no lo sabiamos.
Hernan Gamboa, (el cuatro de Venezuela), amigo fiel de parrandas paternas, de argentino recuerdo y de investigación musical, de invención rrascapunteista y Franklin Virguez de connotada trayectoria artística que sabe del sentir del hombre común, del dolor del talento exiliado, unieron su sapiencia en un sol sostenido que hizo vibrar una casa cubana como el Koubick center, también prestada en la tragedia común y de sentir sin distinción.
La cubanía nos advierte con propiedad y creo que hemos entendido.

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