Los olores al servicio de la represión en Cuba

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Publicado el sábado 05 de septiembre del 2009
Los olores al servicio de la represión en Cuba
JUAN O. TAMAYO

Un perro policía en Cuba olfatea un arma con la que se cometió un asesinato y después le ordenan olfatear seis frascos que contienen el olor de diferentes sospechosos; son sólo algunas de las miles de muestras de olores almacenados en un edificio de la policía de La Habana. Si el letrero “Abajo Raúl” aparece en un muro la policía usa un perro para olfatear el olor del que lo escribió.


Cuba usa perros policía en una amplia gama de casos, y no sólo encuentra fugitivos y drogas, sino que también colecciona olores de miles de individuos para que los perros puedan identificar a delincuentes e incluso a disidentes políticos.

La Habana ha sostenido públicamente y con orgullo que sus investigadores resuelven con regularidad casos con perros y olores humanos recogidos de lugares donde se han cometido delitos y de sospechosos, que según ellos son tan singulares como las huellas digitales.

En los últimos 12 años ha habido más de 3,000 casos en los que, sobre la base del olor, ha sido posible establecer la identidad de delincuentes, afirmó Rafael Hernández, profesor de Criminología de la Universidad de La Habana en una ponencia titulada La Odorología Criminalística en Cuba.

Hernández describe detalles del programa de perros policía, como la preservación de los olores por un máximo de cinco años en frascos. En lugar de formar una línea de sospechosos a identificar, las autoridades sitúan una hilera de seis pomos.

Pero expertos de Estados Unidos aseguran que el uso tan amplio de perros policía, especialmente en el caso de olores almacenados, es muy cuestionable en términos de su valor como prueba en los tribunales y completamente draconiano cuando se aplica a disidentes políticos.

“Es un fraude, absolutamente absurdo”, afirmó el abogado defensor miamense Jeffrey S. Weiner, quien ha escrito disertaciones profesionales sobre el uso de perros policía.

“Es una farsa”, indicó el sargento Leo Abad, de la unidad canina de la Policía de Miami. “Los perros no hablan. Si huelen una pizza no saben decir si están oliendo el queso u otra cosa”.

El “banco de olores” en el Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) en 100 y Aldabó, mide aproximadamente 75 x 30 pies y está lleno de gabinetes metálicos del alto de una persona, con cuatro repisas, llenas de frascos de vidrio transparente que contienen pedazos de gasa, según un exiliado cubano que visitó el lugar a principios de los años 90, y solicitó no ser identificado para proteger a sus familiares en Cuba.

En cuanto al uso de perros contra los disidentes “es orweliano, algo rutinario”, indicó el activista habanero de derechos humanos Elizardo Sánchez, refiriéndose al libro 1984 de George Orwell sobre la represión totalitaria. “La delincuencia sigue aumentando de manera alarmante, pero para ellos la represión política es todavía la prioridad”.

El texto de 13 páginas de Hernández, escrito en un estilo académico que incluye una definición de “olor”, indica que el uso de “odorología criminalística” comenzó en la Unión Soviética en los años 60, se desarrolló en la entonces Alemania Oriental y en 1972 se estableció por toda Europa Oriental.

Luego del colapso de Alemania Oriental en 1989, investigadores de Alemania Occidental encontraron un almacén repleto de decenas de miles de pomos sellados que contenían pedazos de tela impregnados con el olor de delincuentes y disidentes y que se usaban para identificarlos o rastrearlos.

Cuba empezó a establecer un “laboratorio de odorología” en 1989 “con la experiencia de algunos compañeros que visitaron esos países”, señaló Hernández. Se efectuaron pruebas operativas en 1991 y para 1993 la técnica se había establecido en toda la isla.

Muchos de los perros son pastores alemanes importados de Checoslovaquia, Bulgaria y Hungría. Algunos cocker spaniel, que son menos intimidantes, se han usado en el Aeropuerto Internacional José Martí, de La Habana, para olfatear en busca de drogas y explosivos.

Cuba emplea los perros para tareas de seguridad rutinarias: buscar drogas, explosivos o armas, rastrear fugitivos, controlar a las muchedumbres y buscar cadáveres o sobrevivientes después de desastres naturales. Pero también para investigar una gama de delitos muy amplia.

“La odorología se aplica durante las investigaciones de asesinatos, robos con violencia, terrorismo, sabotaje, robo con uso de fuerza, violación, exhumaciones ilegales y otros delitos”, escribió Hernández en la ponencia, publicada en la edición de enero-junio del 2003 de la revista Derechos legales cubanos.

Un artículo publicado en el 2008 en el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista, indica que el DTI usa perros para olfatear en casos que van desde “delitos comunes hasta contrarrevolucionarios”.

Para los disidentes “eso es cosa común”. Sin un fallo judicial les ordenan pasarse un pedazo de tela por las axilas y los genitales . . . La muestra no es para nada específico. Es sólo para guardarla”, dijo Elizardo Sánchez en una entrevista telefónica desde La Habana. “Dicen que si alguien escribe un letrero contra el gobierno los perros especializados los pueden identificar”.

Los archivos de Cubanet, una organización miamense que recibe y publica informes de periodistas de la oposición en Cuba, incluyen por lo menos tres casos en que se utilizaron perros policía cuando aparecieron algunos letreros antigubernamentales en la isla.

Pero expertos estadounidenses en el uso debido de perros policía dicen que el sistema cubano no parece ser de fiar.

“No hay científico que sepa si la muestra es válida cuatro o cinco años después”, subrayó Ted Daus, fiscal estatal adjunto y experto en el uso de pruebas identificadas por perros.

“Es extraño . . . y bastante”, afirmó Michael Baton, director de la American K-9 Academy en Lisbon, Connecticut, refiriéndose al almacén de olores. “Un concepto escabroso, no completamente imposible, pero no es una técnica práctica”.

Un documento hallado en los archivos de la notoria STASI, el servicio de inteligencia de Alemania Oriental, después del colapso del gobierno comunista en 1989, indica que guardar olores humanos para investigaciones no funcionaba bien en el caluroso y húmedo clima de Cuba.

El documento lo encontró en el 2007 Jorge Luis Vázquez, que vive en Berlín pero nació en Cuba y ha estudiado las relaciones de la STASI con el Ministerio del Interior de la isla.

El informe de Hernández sobre los perros está en español en www.monografías.com/trabajos16/odorologia/odorologia.shtml.

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