Mi primer encuentro con Rubén Martínez Puente.

Mi primer encuentro con Rubén Martínez Puente.

por Mario A  Riva Morales.

En el año 1972 hacía dos años que volaba como copiloto de helicópteros MI-4, cuando me trasladaron (a solicitud propia) para la Unidad Militar 2003, que a su vez se subordinaba a la Unidad Militar 1779, más conocida como “La Base Aérea de San Antonio de los Baños”. Hasta ese momento había servido en la U.M. 3688, unidad mixta de aviones de transporte IL-14 y los ya mencionados helicópteros.

Mi-4 San Antonio Museo.

Mi-4 Cubano

Mi-4 Cubano 1964.

Mi-4 , año 1972.

 

 

 

 

 

 Mi-4 , año 1972.

 

 

 

 

La U.M. 2003 constituía una escuadrilla de Búsqueda, Salvamento y Rescate, cuya misión consistía en asegurar los vuelos de los MIG-15, MIG-17 y los MIG-21 que desde aquella Base operaban.

Antigua Academia Naval, que se reinventaría como Escuela Latinoamericana de Medicina.

Una noche en que asegurábamos los vuelos, nos llegó la noticia sobre el accidente de un helicóptero, en un polígono  de tiro aéreo nocturno ubicado en donde luego estaría la Academia Naval, que se reinventaría como Escuela Latinoamericana de Medicina.

Academia Naval, que se reinventaría como Escuela Latinoamericana de Medicina.

Esa noche la pasamos mal, las noticias nos llegaban a cuenta gotas.

Resumiendo: El jefe de la nave era de apellido Picans, el copiloto se apellidaba Arias y el que fungía como técnico de vuelo (porque en realidad era el ingeniero del escuadrón) era de apellido Baró.

Baró murió calcinado, a Picans la agonía, de las quemaduras, le duró 22 días. Arias sobrevivió con más del 45% del cuerpo quemado.

Luego vinieron los días de la investigación del accidente, sus causas y el cómo prevenir éste tipo de accidente en el futuro.

Fue asi que comencé a profundizar en la historia de la aviación cubana y en particular de la aviación de helicópteros.

Pronto supimos que lo que había fallado eran los inyectores (uno o más de uno) que llevan la mezcla de aire y gasolina a los cilindros del motor de combustión interna del MI-4 (ASHA-82).

Al parecer Mario Reyes Licea (copiloto en un vuelo precedente) había reportado una explosión (de carácter desconocido), en el momento en que realizaban el tercer giro de la fase de aterrizaje en el polígono.

El jefe de la nave, de apellido Ruiz, incluso recriminó a Licea por haber utilizado la frecuencia de radio sin su autorización. Durante la investigación del accidente Ruiz dijo que él no había escuchado detonación alguna.

Sánchez, que era el dirigente de los vuelos (en el campo de tiro), suspendió de vuelos a Licea, no obstante las reiteradas veces en que éste insistía que había ocurrido una detonación desconocida.

Algunos culpaban a Licea de no haber desconectado los interruptores de armamento y que “fortuitamente” el técnico de vuelos había realizado un disparo. Licea lo negaba al igual que el técnico.

Es por ese motivo que el ingeniero Baró, decidió relevar al técnico y ocupar su lugar en el siguiente vuelo. Ya sabemos lo que ocurrió.

A partir de este momento comenzaron las indagaciones, las cuales trajeron, como resultado, que muchas de las piezas que estaba siendo utilizadas en los helicópteros se encontraban vencidas por uso y por tiempo calendario. Se me hace necesario aclarar que todas las piezas y componentes de aviación tienen una vida útil señalada por la fábrica en horas de vuelo. Incluso aquellas que permanecen en los almacenes y no son utilizadas, se vencen por tiempo calendario y deben ser revisadas antes de ser instaladas en las aeronaves.

Cuál no sería nuestra sorpresa al enterarnos que los balones contraincendios, del helicóptero siniestrado, no habían funcionado. Peor fue la sorpresa al enterarnos que no eran los únicos. Casi todos los helicópteros presentaban la misma deficiencia. Los de San Antonio (todos los de nuestra escuadrilla) se encontraban vencidos, por tiempo de utilización, por calendario y lo que resultaba aun peor, vacíos.

Demás está decir que se recibió la orden de paralizar los vuelos de los helicópteros hasta que se solucionaran los problemas. Que eran muchos y que demoraría tiempo. ¿Cuánto? Nadie podía decirlo.

Una semana después del accidente relatado, Carracedo (segundo jefe de la escuadrilla) me ordena prepararme para un vuelo de aseguramiento en el polígono de tiro, al sur de la provincia de Pinar del Rio. Podrán imaginar la cara de desconcierto que puse. ¿Cómo así? ¿Sin sistema contra incendios y con piezas de baja técnica?

Carracedo sabía perfectamente lo que sucedía, pero al parecer no se sentía capaz de enfrentar la situación. Calvo, el jefe de la escuadrilla, se encontraba de vacaciones.

Pues, yo no vuelo en esas condiciones. ¿Qué te parece?, le dije. Y él me respondió: ¿Y quién se lo va a decir a Martínez Puente? ¿Te vas a negar a cumplir una orden del jefe del estado mayor?

Mi inexperiencia me llevó a enfrentarme con aquel superior jerárquico. Podía haberme desentendido, podía haber fingido sentirme mal y que otro ocupara mi lugar…

General Ruben Martinez Daafar.

General de División Rubén Martínez Puente.

Pero no, cabezón al fin y al cabo, me presenté en la oficina de Rubén Martínez Puente, que me recibió con aire de incredulidad. ¿Volaría usted sin sistema contra incendios?, le espeté sin él saber quién yo era y, me respondió: ¡Por supuesto que no!

Entones, dije yo, ¿Y por qué quiere que el helicóptero vuele hasta Pinar del Rio? Fue entonces que cayó, como timba en la trampa (cosa que, para ser sincero no me había propuesto).

Se demoró algunos segundos en responder y esto fue, más o menos, lo que dijo:

“Compañero, en Girón nuestros pilotos volaron y repelieron al agresor con aviones en peor estado técnico”.

Es verdad, no lo niego, dije yo, pero han pasado más de 10 años y que yo sepa, no estamos en guerra, sino preparándonos para lo que venga.

¿Tiene miedo?, me preguntó. Pues sí, tengo miedo, pero eso es lo de menos. Si ocurriera un accidente y de mí dependiera la vida de un piloto, puede tener la seguridad de que el helicóptero despega a como dé lugar, pero arriesgar la vida mía y la de la escuadra de salvamento sin motivo alguno, no le encuentro la lógica por ninguna parte.

Fin de la historia, el helicóptero no voló ese día. Por lo que a mí me consta, hasta que no estuvieron de alta todos los helicópteros, no volví a volar. No puedo asegurar que algunos tuvieran piezas vencidas durante mucho tiempo, pero tampoco es lo mismo “vencidas” que “inútiles”, como en el caso.

Moraleja: Con jefes como Martínez Puente, no eran necesarios loe enemigos.

¡Que Dios lo tenga en su Gloria!

Escrito por Mario A  Riva Morales

Fue jefe del regimiento de helicópteros. Alcanzó el grado militar de Teniente Coronel en la DAAFAR.

Mario tiene su propio Blog: http://manchiviri.blogspot.pt/

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